Hallelujah

Suelo equivocarme con las medidas de mi interlocutor. Acostumbro a contar de más, pero a veces también me pasa todo lo contrario. Conocido un hombre no se conocen todos, ¿no? A pesar de todo, a veces acierto, y por suerte le conté a E. mi secreto más tonto, y también el mejor guardado. Le conté por qué me gusta el color amarillo, o por qué me convencí de que me gustaba el color amarillo, o por qué al final me ha acabado gustando de verdad. Hay veces que, conocida una mujer, se conocen todas… y el acierto es todavía más valioso. Lo único que recordaba de la carta que le había mandado a E. es que el sobre era pequeño, con el remitente triangular, como me gusta, y de color amarillo. No recuerdo si lo hice a propósito, si lo elegí conscientemente porque dentro estaba el secreto. Sé que era el último que tenía de ese color, y que se lo mandé. Hoy el día ha sido larguísimo, y en el buzón me esperaba su respuesta. Cuando despliego las dos hojas, me encuentro unos papelitos pegados al final de todo, al lado de la firma. Son amarillos. Sonrío sin saber qué me depararán sus palabras, ni qué es ese regalo inesperado. Hoy el día ha sido larguísimo y había decidido irme a dormir escuchando una y otra vez Hallelujah: primero por Jeff Buckley, después por Rufus Wainwright y, para acabar, por Leonard Cohen. Empiezo a poner las tres versiones mientras leo. Pero entonces llego al final de la carta, y E. me recuerda el secreto tonto, y me regala lo primero que ha encontrado de color amarillo, que son esos papelitos. Me dice que son siete, y que escriba lo mismo en cada uno de ellos, lo que yo quiera, y… que se me va a cumplir el deseo. De la misma manera que me convencí de que me gustaba el color amarillo, me convenzo rápidamente de que tiene toda la razón del mundo y hasta le encuentro lógica aunque ahora no sepa cómo contárosla. Decido mi siete deseo. Lo voy a escribir, y se va a cumplir, naturalmente. Pero todo deseo conlleva un sacrificio, y E. se ha olvidado de contarme cuál es. Ahora le toca a Leonard.

3 thoughts on “Hallelujah

  1. Todas las versiones son buenas, la de Leonard no es un deseo sino la realidad. Ojalá se cumpla el tuyo, si es que no se cumplió ya.

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