Pero también la vida

The Promenade, Marc Chagall

Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

JAIME GIL DE BIEDMA

Yo sí me acuerdo de cuando R.N. recitaba poemas en la inmensa aula donde un día llevé a G. y hacía fotos sabiendo que después cuando llegara a su casa las vería y no sentiría que era el mismo lugar, y R.N. decía Jaime Gil sin añadir de Biedma y nos hacía una gracia tonta, de las que se tienen en primavera y no se sabe muy bien explicar a santo de qué la risa. Me acuerdo muy bien de cómo crujía el suelo y el banco de la facultad estaba frío y me trepaba el miedo por entre el vestido y se me subía al cuello por las piernas y se me anudaba como una corbata. La vida nunca se me había parecido a la vida entonces. Los cuadernos viejos me lo han contado esta noche. Que la vida no se parecía en nada a la vida, que lo que amorosamente había acunado yo en mi infancia y en mi tierna adolescencia, haciendo un mapa de sombras y calles sin salida, no era en absoluto un mapa ni una herramienta para no andar a tientas. De veras que me lo han dicho los cuadernos, medio envenenados de silencio, que no se sabía ella reconocer en todas las ellas que había visto y, aun así, se gustaba, porque siempre se había sentido bien encontrándose perdida, pero, de pronto, se angustia tanto, de una página para otra, y se repugna así de débil y quisiera que ser cobarde no le valiera la pena, pero siempre le vale la pena, a ella, que tanta lástima suscitaba a los que la conocían y, sin embargo, los demás, los que la poseían superficialmente, la admiraban tanto y se sentían tan orgullosos de ella, haciéndola sentir una estafadora, una vendedora experta de vidas. Siempre buscando en otros brazos lo que los suyos, delgados, huesudos, casi asquerosos, no eran capaces de sostener. Y siempre el desconsuelo de no haber encontrado calor en ningún vientre, acunándose caprichosamente en todos los de su alrededor. De modo que la vida no se parecía en nada a la vida y se sentía frustrada. Lo dicen los cuadernos, donde R.N. en absoluto sale porque cuando R.N. recitaba poemas y movía su melena canosa y se acercaba el micro a la boca para que todos en el aula la escucháramos, cuando R.N. leía y hablaba de la vida a través de la palabra de los poetas, entonces la vida era exactamente como esperábamos, la vida era la voz de R.N., que no se quebraba, que no dejaba a nuestras almas que se adormilaran ante el calor de la palabra; por eso no aparece R.N. en los cuadernos, porque en los cuadernos hacía frío y hacía miedo y hacía un terrible amor que no equilibraba los latidos con los pasos. Pero hoy la vida durante unos segundos nos sujetaba fuerte, nos cogía por los pies y nos sacudía, nos tenía bien amarrados, inmóviles, hoy la vida se parecía tanto a la vida que no queríamos siquiera respirar para no romper el hechizo, también la vida hay días que parece la vida, precisamente porque, jugando, se parece tanto a lo que esperamos de ella.

2 thoughts on “Pero también la vida

  1. Pues sabes lo que sucede? que en realidad todos llegamos a la vida con libro de instrucciones, el propio, en el que te indican como barajar todo esto que cuentas pero claro, entre trajín de médicos, placentas, lloros, oxitocinas y demás pues se acaba extraviando y el despiste se paga convirtiéndonos en cachorros de por vida, sin mapas y sí con temores y fríos.

    Para eso, para olvidarlo en la medida de lo posible, que no es mucha, la verdad, están los poemas y los cuadernos…. que no es otra cosa que el intento de reescribir aquel libro de intrucciones perdido.

    O algo así era pero seguro que tú me entiendes, jeje. Precisamente por jugar…

    Besos, preciosa!

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