Váyanse a tomar por culo

He pasado la última hora y media de mi vida con Pepe Rubianes. Quizá un poco más. De casualidad, he visto un pequeño vídeo en el que el cómico habla de la risa, del reír, pero lo hace con absoluta seriedad. Cuando ha acabado, he decidido ver el especial que le dedicaron cuando murió, una entrevista con Andreu Buenafuente de una hora. Al llegar al final, después de hablar de los países pobres o de las tetas con la misma seriedad o con el mismo humor, Buenafuente le pregunta qué quiere que ponga en su epitafio. Me imagino que cuando la muerte de Rubianes todavía era reciente y la gente que lo quería vio esa parte, sintió una gran tristeza: ver a un muerto querido hablando de su muerte. Pero Rubianes se ríe, así como se reía, con las cejas en alto, con cien arrugas en la frente, despreocupado, enseñando los dientes y guiñando los ojos: váyanse a tomar por culo. Ése fue el epitafio que eligió Pepe. La entrevista de una hora se acaba con los epitafios. Entonces he sentido algo así como añoranza por Pepe Rubianes, sin que pueda ser añoranza por Pepe Rubianes, y me he puesto a pensar en las personas a las que quiero aunque no formen parte —físicamente— de mi vida. He dado mentalmente con algunos vídeos que hoy, como excepción a este blog de la literatura y sus alrededores, quiero señalar. Las primeras personas que han venido a mí son escritores o artistas que han formado parte de mi formación, digamos. El otro día ya hablé de Carmen Martín Gaite, a quien yo le pediría no te mueras todavía. Pero también me gusta hablar siempre de Ana Frank, y últimamente también incluyo en ese grupo de mujeres excepcionales que me enternecen y conmueven a Frida Kahlo. Después he pensado en Woody Allen, de la manera tan particular que tiene de hacerme pasar un domingo de mierda pasablemente, y también he pensado en Julio Cortázar, y después ha sido inevitable pensar en la familia Donoso o en la infinita ternura que me despierta Mario Benedetti, al que leo despacito, como se les lee a los niños. Pero después se ha ido alargando la lista, y he pensado que también me emociono mucho con un vídeo que he visto cientos de veces, sola y acompañada, en diferentes momentos del último año: un equipo de fútbol de niños pequeños que nunca han ganado un partido. O mejor dicho, que nunca han marcado un gol. Esos niños son la explicación del porqué de muchas cosas que me gustan o me interesan, ideas a las que les doy vueltas y más vueltas, sobre la infancia. Pienso en la infancia de la que habla Ana María Matute, o también en la de esos niños que dicen que les da igual no ganar nunca, que ya lo harán cuando sean mayores y que ya se lo pasan bien. No puedo evitar pensar, cuando escucho hablar a los de l’equip petit, en Zezé, el protagonista de “Mi planta de naranja lima”. Y así, encadenando, me acuerdo del vídeo que vi ayer, donde un hombre, a través de sus abuelos, lanza un mensaje al mundo entero, y el mundo entero le debe responder con una sonrisa, porque no hay otra manera. Me quedo pensando y… hay momentos que nunca voy a olvidar, instantes de vidas de otros que he hecho míos, como cuando Pep Guardiola recibió la Medalla d’Or y dijo que adoraba su oficio, y que además lo que quería era ser (sobre todo, sobre todo) un buen compañero de su compañera y ver el espectáculo que son sus hijos creciendo… o cuando Soufian, el niño que quería volar, tiene cerca a Leo Messi, el hombre al que admira… siendo él tan merecedor o más de la admiración de todos cuantos conocemos su historia. Y Soufian me recuerda a María y a su familia. Voy enlazando todas esas vidas, esos instantes, y, en fin, sólo quería reunirlas aquí, que pinchéis en todas las palabritas que están marcadas en otro color y veáis de qué estamos hechos, de qué quiero yo estar esencialmente hecha.

11 pensamientos en “Váyanse a tomar por culo

  1. Me gusta tu credo. Tengo grabada a María, un cúmulo de sensaciones cuando vi la peli.
    Y ese no te mueras todavía me ha puesto los pelos de punta y me ha llevado a la alegría del un, dos, tres y luego me he acordado de este final suyo de poema:
    Y cuando muera/mi pozo seguirá todavía lleno/no mudado,profundo/
    y desembocaré.
    Ella sabía salir de todos los pozos tan solo con la curiosidad de saber qué estaba pasando fuera.

    Abrazos, linda Jenn.

  2. Aquí en Argentina cuando queremmos y admiramos a alguien le decimos: “No te mueras nunca!!” en realidad no sé si es un deseo bueno, pero a la sabiduría popular no seré yo quien la discuta, y menos en tu casa. Así que, Jenn, hazte cargo de la parte que te toca y…no te mueras nunca!

  3. María es impresionante. Me gustó no sabes cuánto ver el documental/película. Lo disfruté mucho. Me encantó también el de Soufian, pero no sé si existe con subtítulos en castellano. Creo que también podría gustarte mucho. Es un niño con una enfermedad muy extraña, y admira a Messi y es su sueño conocerle, y con esa imagen idealizada lucha. Con ocho años o así, decide por voluntad propia que le amputen las piernas, porque no puede con el dolor. Sus padres, que son marroquíes, de pronto… no sé, ves a la madre, cómo habla, la soltura emocional… fue, de verdad, muy impactante.

    El poema de Martín Gaite es un canto a la vida, pero cuando ella lo recita lo es todavía más. A mí también me pone los pelos de punta. El final… con qué alegría lo dice. Me gusta eso, que la curiosidad fuera el motor de tantos descubrimientos de la Gaite.

    Un abrazo muy grande.

  4. Marcelonita…

    Cuando escribo “¿usted cree que yo tomo la literatura como refugio?”, me recuerda un poco a ti y también al otro blog.

    Hace tiempo leí algo sobre Martín Gaite, y decía: en vida ya eras eterna. Así que, bueno, no nos muramos nunca… y la sabiduría popular, menos.

    Un abrazo que cruce el charco.

  5. Sí, parece que cuando se acaba el año tendemos a recopilar cosas… no es exactamente de mi año, sino… en general. Es un poco rollo tanto vínculo, pero es que no podía dejarme ninguno.
    Petó, Francesc!

  6. Te sigo con la mirada prudente, escondida detrás del bullicio y del ruido y de esa sensación de no saber entender todo lo que quieres decir.

    Esa magia que disponemos para ver (sin ser vistos) y experimentar en carne propia las sensaciones que otros han querido compartir.

    La magia de las palabras que envuelven y los vídeos que enganchan, porque, cuando están bien planteados, son múltiples en sus reflejos y dejan que cada uno piense una cosa distinta (aunque, no siempre, diferente).

    Gracias: has conseguido que llegue…

  7. Gracias a ti, Alberto. Me alegro de que haya llegado. Supongo que lo que he reunido en esta entrada es precisamente todo lo que me llegó a mí.
    Un saludo.

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