Cadena

Isabel Núñez
Era la primera vez que asistía a un entierro y estaba nerviosa. Por suerte, me había encontrado con Silvia. Y con Isabel, pero me daba pena ver a Isabel porque el entierro era también de Isabel, y cuando las veía siempre estaban juntas y había que diferenciarlas por el apellido. En aquel momento también estaban juntas, como siempre en mi memoria, pero ya no valía de nada hablar de la otra Bel, y me daba pena. Había muchísima gente y aunque no había ido nunca a un entierro sabía que era muchísima gente, y que Isabel era una persona querida, que incluso los que casi no la conocíamos sentíamos algún tipo de vínculo con su vida, por eso nos acercábamos también a su despedida. El día anterior, en una librería, me quedé parada delante de unos libros, y cuando me giré ahí estaba: su última publicación. Ese tipo de cosas que pasan y que si te las cuenta según quién crees que lo único que está haciendo es darle más juego a la tristeza. Pero ahora mentalmente estoy en el entierro, y estoy sentada al lado de Silvia y recuerdo perfectamente dos momentos: cuando me ofreció un caramelo y cuando salieron dos chicos a cantar. El día anterior había estado pensando en Nico y, si digo la verdad, la canción que cantaron los chicos es una canción que me recuerda varias cosas y, entre ellas, me recuerda a Nico. Cuando lo conocí en la facultad, yo estaba constantemente escuchando la misma música, y entre aquellas canciones estaba So real, de Jeff Buckley. Por alguna extraña razón, siempre me olvido del nombre (J-e-f-f-B-u-c-k-l-e-y) y acabo pensando en nombres de poetas, y es porque esos nombres de poetas también me recuerdan a Nico y los asocio aunque no tengan, a priori, nada que ver. Cuando salieron los chicos a cantar Hallelujah, me acordé de cuando la escuchaba por turnos y en diferentes versiones, pero la que estaban cantando en aquel momento me parecía que se correspondía más con la de Jeff Buckley. Mientras me sentía infinitamente triste, y después de rechazar el caramelo de Silvia, intenté recordar el nombre, pero no me salía. Estuve pensando en Nico para ver si me salía, pero venían a mí los nombres de los poetas que me recuerdan a Nico y al final nada. Cuando le di a escuchar So real, Nico trabajaba colocando cómics y libros y discos en una librería, y decía que recolocaba siempre el de Jeff Buckley por el placer de colocar el disco que contenía aquella canción. Estaba en la despedida a Isabel y cuando los chicos decían hallelujah, la gente, que era muchísima aunque yo nunca hubiera estado antes en un entierro y no podía comparar, repetía con ellos. Dejé de intentar recordar el nombre y pensé que en cualquier momento vendría a mí, como en la película Nueve reinas, que me recuerda a Nico y a su familia, porque son argentinos, y también a Andrés, porque me la prestó él. Me recuerda también a casa de mis padres, porque la vi allí, y mi madre pasó un momento por el salón y preguntó en qué idioma estaba la película, porque Ricardo Darín, depende de cuándo lo cojas (pero coger en español, no en argentino) se embala y no te enteras de nada. Cuando salí de la sala en la que despedimos a Isabel, pensaba en cualquier cosa menos en Jeff Buckley, y entonces me encontré con Esmeralda, que es otra de las personas a las que me recuerda la canción Halellujah. Se lo iba a decir pero qué más daba, era un lío andar con tantas explicaciones y además ella quería ir al baño. Detrás de mí había dos mujeres que se decían lo que se dicen en los entierros y en general en cualquier sitio, aunque yo nunca… Decían que qué pena tenerse que encontrar en aquellas circunstancias, que era algo que yo le había dicho a Esme, y una de ellas dijo:
—¡Por lo menos la próxima vez espero que nos veamos porque nos hemos ido de putas todos juntos!
Entonces me acordé de mi abuela, del tío Tomás, pero ya estaba pensando en demasiadas cosas y me fui.

6 pensamientos en “Cadena

  1. Y yo, a esta distancia que nos ofrece el mar, me hiciste sentir que yo estuve ahí.
    Qué melancolía siento también al saber que quizá, nunca las abrace como desearía hacerlo ahorita. A ti, a Isabel M, a Alba, a tantos.
    Gracias por tus letras.

  2. Qué muñeca la de la foto.
    Yo no la conocía personalmente ni nada, pero últimamente leo su blog. Así, a saltos. Me da vértigo, desasosiego, y mucha, mucha admiración.
    Besos

  3. Pues claro que estuviste, Graciela. Y ahora que te lo he contado, también. Es como si hubieras rechazado el caramelo de Silvia, también.
    Gracias a ti. Un abrazo muy grande.

  4. Sí, leer su blog da vértigo. Nunca me había pasado, perder a alguien y que estuviera tan expuesta. Es extraño. Vuelves al blog, como antes, sabiendo que es diferente. Las últimas entradas son dolorosas, sobre todo la esperanza. La foto… es una muñeca. Hay otra, también, preciosa.
    Un besazo, guapa.

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