Laberint de Wonderland

Ayer estuve con Jordi Corominas en Wonderland, y cuando me preguntaron cómo empecé a escribir y a leer, dije que de pequeña no leía porque no había libros en mi casa. Y después sonó Leonard Cohen y me preguntaron por la música y dije que tampoco había música, porque en realidad quería decir que no había ese tipo de música. En ese momento me acordé de que mi padre me estaba escuchando y me dije mentalmente: cállate y no la cagues más. Ahora me dice mi tío que se echaron unas risas escuchándome, y que tendría que haber dicho que de pequeña escuchaba Los Chicos y leía el Sport. Tendría que haber dicho también que los sábados se limpiaba en casa y mi padre y yo movíamos la melena con la escoba-micro y cantábamos lo que sonaba en el tocadiscos: Metallica o Iron Maiden. O que en el coche de mi tío escuchaba su música y me parecía, directamente, ruido, gente gritando. A cambio hablé de mi abuela y dije que en mi casa había más oralidad que libros o música, cuando podría haber dicho que lo más cerca que estaba de la poesía era cuando mi padre cantaba “Carmen, Caaaarmen, voy a tener que emborrachaaarme” (porque mi madre se llama Carmen, por si no lo sabéis) o cuando escuchábamos “El que canta su mal espanta”, de El último de la fila, y crecí pensando que la canción era como la versión que cantaba mi padre: Caaaaaaaaar-men (cuando en realidad dice: daaaaaa-me tu caramelo, amor).

2 thoughts on “Laberint de Wonderland

  1. Lo primero es que me gusta un montón este fondo de blog, plantilla o como se llame que has puesto, tanto que busqué a la autora en internet y me sigue gustando más que nada de lo que he visto. Y porque me acordé al verlo de un libro que leí hace años de Soledad Pu (me he ido a buscar si Puértolas lleva acento como yo creo, y estos de google me salen con Soledad Becerril, y me ha recordado a esas tiparracas, cotillas y entrometidas que se creen que todo el mundo es de derechas). Que me voy por las ramas, el libro: “Una vida inesperada” esa literatura sencilla que me encanta y que te dan ganas de salir corriendo a hacer algo, en este caso: nadar y nadar.
    Y segundo que me entran muchas ganas de escribir cuando te leo, y tercero que me pregunto ¿cómo puedo encontrarme en lo que cuentas con coincidencias de mi juventud con la diferencia en años que tenemos? Por ejemplo cuando relatas el entierro de Isabel, ¡qué belleza era!

    No pares, preciosa.

  2. Es que yo era nadadora, Isabel. Y por eso puse este fondo. Hay más de este artista con nadadoras, y me he guardado todas y cada una de las ilustraciones.
    También yo leí “Una vida inesperada”, y quizá por la mezcla de biblioteca y piscina sentí un gran apego por el personaje femenino. Mira, aquí la huella:
    http://fragmentodeinterior.blogspot.com.es/2009/10/una-vida-inesperada.html
    Me alegra que te dé ganas de escribir leerme. A mí hay textos que también me animan a hacerlo, y otros que me impresionan tanto que me quedo un poco fuera de juego. Qué bien que yo sea de las del primer grupo.
    Sí, Isabel era una belleza… y estaba plagada de signos femeninos, con aquel pelo rizado que tanto se apartaba de la cara. La foto es una preciosidad.
    Muchas gracias por escribirme, Isabel. Es un placer, un gran placer… y descuida, no pararé… a ver si encontramos más puntos en común, ¿no?
    Un abrazo.

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