Nunca más seré joven

Nunca más seré joven, porque nunca más quiero serlo. Después de mucho teorizar sobre si ser joven influye o no en la literatura, si lo hace de forma negativa o forma positiva y en qué casos una cosa y en qué casos otra, decido que nunca más quiero ser joven. El año pasado, en el Getafe Negro, tuve el placer de participar en la mesa redonda Desmontando a la Generación Ni-Ni. Cuando hubo tanta polémica con “Tenían veinte años y estaban locos”, escribí la columna de opinión que publiqué el otro día aquí, y hoy aparezco en el artículo “Los sí-sí sobre los ni-ni” en El Cultural. En poco tiempo he leído y dado opinión sobre todo este tema, y siempre se llegan a conclusiones que no tienen nada que ver con la literatura (política, crisis, indignación, formación, teorías, futuro): por eso, decido retirarme de la juventud.
El año pasado, en la mesa redonda, un poco tema actual y un poco porque el futuro siempre parece a cargo de los de mi generación, acabamos hablando y profundizando sobre dos aspectos: que en la universidad nos preparan para ser mediocres y que el 15M había sido una utopía preciosa, pero una utopía. En la polémica sobre el poemario se acaba hablando de si un joven puede o no escribir, de si un joven es apto o no, de si un joven y el joven y más joven. En el artículo de hoy, todos (Antonio J. Rodríguez, María Zaragoza, Matías Candeira, Pablo Muñoz, Luna Miguel, Juan Soto Ivars, Elena Medel, Alejandro García Insigrano y Juan Gómez Bárcenas) hemos acabado hablando de lo mismo: crisis, precariadad, falta de oportunidades, el panorama actual del país. No digo que no sean interesantes los temas en los que van a dar todos estos encuentros, digo que soy lectora y aspiro a convertirme en escritora y me gusta hablar de ello, así que todo lo demás debería ser una charla dando un paseo, tomando algo o en una reunión (no hay ningún inconveniente en hablar, si se pregunta, sobre asuntos de actualidad, sobre edad y sobre temas que conciernen a la edad, siempre y cuando se priorice la literatura; el problema es cuando el único reclamo es ser joven).
En ninguno de los casos, los tres momentos en que me he pronunciado al respecto de los Ni-Nis o de la juventud, se ha hablado de literatura. Por eso, me retiro. Porque a mí sí me gustaría hablar de literatura, formar parte de, no sé, la generación de escritoras que hablan de la relación con sus madres; formar parte de la generación a la que no le interesa hablar de la actualidad ni de sí mismo (en la medida de lo posible); formar parte de la generación de novelas fragmentadas en cuentos, o de cuentos que se enlazan dando paso a una nueva forma de entender una novela; formar parte, por ejemplo, de los escritores catalanes que escriben en castellano. Me gustaría formar parte de una generación que no tuviera en cuenta ni la década en la que naciste ni el contexto histórico, no una generación efímera porque se pasa con el tiempo porque no tenía en cuenta el contenido; la experiencia (no tanta, pero sí) me dice que, al final, en esas generaciones (al menos cuando se crean en el momento en el que se viven) nunca se habla de lo que me interesa: literatura.

4 pensamientos en “Nunca más seré joven

  1. Una notita aparte… agradecer a Daniel, que nos escogió (al menos a mí), para este artículo. Que yo ahora renuncie a la juventud no quiere decir que critique la iniciativa, la idea y la generosidad. A veces los autores pensamos que mejor hablar de ser jóvenes y aparecer en El Cultural que no hablar de nada, y creo que nos equivocamos. Sólo digo que después de tanto teorizar los últimos días acerca del tema, llego a esta conclusión. No es mi intención echarle la culpa al articulista ni mucho menos, es más una autocrítica. Hoy me he dado cuenta de lo que acabo de escribir, por eso lo escribo hoy.

  2. “Estimo que mi nombre debe aparecer lo mínimo posible en periódicos y radios. Si oigo mi nombre en la radio, me veo en medio de la porquería, si leo mi nombre en el periódico, creo estar en una cloaca”.

    Thomas Bernhard / Siegfried Unseld “Correspondencia”.

  3. Entre 1910 y 1914 se publicaron algunas novelas sobre jóvenes muy especiales: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, El árbol de la ciencia, América, Niebla, El retrato del artista adolescente y se me escapa otra. Hablar de estas novelas es hablar de la juventud. ¿Qué pasaba en la vida de los autores en esos años para haber abordado el mismo tema en ese periodo?

    El encanto de hablar de una generación parece estar en que se nota que algo nace y se mueve, ¿a dónde nos llevará? Es en parte la belleza de la juventud y en cuanto creadores siempre estaremos cubiertos por ese manto en cuanto no tenemos certeza de adónde nos llevará la obra en la que estamos trabajando. La madurez en cambio es el compromiso con ese ser naciente para ayudarlo a crecer y que camine solo. No está mal combinar ambos papeles. Como nota al margen, tiene un aliento vital-juvenil esta entrada tuya.

  4. Hasta leer este post no me había parado a pensar en el hecho de que un escritor (sobre todo un escritor joven), al ser entrevistado, suele terminar hablando de todo menos de la literatura. La actualidad, los problemas sociales, la política, la generación tal y la generación cual. Pero nunca (o con poca frecuencia) de literatura. Me gusta tu reflexión. En mi blog hablo de la vida a los veintitantos, así que me debo al tema que yo mismo me he impuesto. Sin embargo, como aspirante a escritor en un sentido más amplio no me gustaría asfixiarme dentro de ese corsé que la necesidad de sentirse relevante obliga a muchos a ponerse.

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