Las cosas que digo son ciertas

Atonal, Mery Sales

Una se asoma al vértigo y lo mira como a salvo. Ocurre que se confunden las palabras y los nombres en un momento dado. Se confunden los olores y las caricias, se olvidan los recuerdos, se mezclan, atrevidos, y todo pertenece al mismo temblor. Ocurre, la mayoría de veces, cuando está una más cerca que nunca de aquello de lo que huyó. Y en algún lugar un Dios está riéndose ahora mismo de nosotros dos, creyendo que creíamos. Todo viene a ser, como dijo B., una carta de amor que nunca se termina, o no puede explicarse que esté todo tan fuera de su sitio, que nada pertenezca precisamente al hueco que ese mismo Dios, que ahora burlón nos contempla mientras se fuma un cigarrillo, el hueco que ese mismo Dios creó precisamente para eso que ahora está en otro sitio. Casi siempre más pequeño. Pero todo se confunde, al fin, y una pensaba que entre tanto hilo se sentiría reconfortada. Nada tan lejos de la realidad. El miedo se va sucediendo tan claramente que no se sabe ya separar a qué pertenece cada expresión de susto, a qué vino ese gesto de sorpresa. No se sabe diferenciar un miedo de otro, un final de otro, un final con el principio de cualquier cosa. Se filtra la oscuridad en mi pequeña parcela de luz, en el último rincón donde escondí la esperanza de los enfermos terminales. La infancia siempre acaba doliendo, independientemente de si una vez se sintió calor y todo parecía marchar como deben marchar las infancias. Hay palabras que mueren cada vez en tu boca y de nada sirve escucharlas (hubo noches en que bastaban); sin embargo, cuánto bien hace no tú, no tu voz, no tu palabra: tu boca, como traída de un lugar que guardé para el ahora, tu boca como intacta para una noche en que se teme por cualquier cosa. Hubo un tiempo en que todos los días eran como una despedida que se eternizaba. Y, de pronto, alguien abrió la ventana y saltamos, desesperados, como peces presumiblemente suicidas.

7 thoughts on “Las cosas que digo son ciertas

  1. Cada noche, tus letras son más enigmáticas para mí… y, sin embargo, también las noto más cercanas, más mías incluso, a pesar de saber que eres tú quien late detrás de ellas… las cosas que dices son ciertas… y si no lo fueran, qué más da, tú sigue diciéndolas…

  2. Posiblemente sea todo una pequeña variedad de sentimientos, con los que a veces nos atrevemos a soñar y por qué no, saltar al vacío, sea cual fuera el vacío, quizá sea mejor que estar en la nada.
    Muchas veces huyendo se recapacita, la huida da lugar al pensamiento, al recuerdo, quizá a solucionar aquello que dejamos corriendo, o aquello a lo que teníamos miedo.
    Los miedos fluyen, recorren los cuerpos y los limitan, cuando químicamente lo que hacen es reforzar la posible acción, entonces, ¿por qué nos quedamos detenidos, por qué fallamos, por qué olvidamos?.
    Quizá todo sea lo que es porque además de pasar así, fue así porque no supimos o pudimos hacer otra cosa.
    Eso no quiere decir que a la próxima(siempre hay una próxima) podamos escoger otra acción, pensamiento u dirección.
    erpepe(sonrío)
    Me ha encantado, como siempre.

  3. Esa ecuación, esa maldita ecuación, en la que todo acaba doliendo. O no, mi niña Fusa, a veces no… me gustaría pensar y mucho más que pensaras tú en estos momentos.

    Besos con escamas.

  4. Gracias por esta posible otra cara de unos peces de ciudad que, de pronto, riman con todo lo que no les corresponde:
    el lodo, el dolor, los recodos nocturnos en bares de mala suerte.

    Precioso poema en prosa: como siempre.

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