Historia de sombras

Blanca Varela
Aunque cueste la noche sigo leyendo a Blanca Varela. Por si viniera. Dice que lo muerto, muerto está. Y que un cadáver sin flores es un fracaso. Yo te recreo en ese muerto solitario y sé de qué me habla, puedo adivinarlo. Me habla Blanca Varela de los hijos no nacidos y de pronto me asalta una ternura que ya parecía que no me pertenecía. Mentí. Mentí una y tantas veces, le mentí a los poetas, a los libros, te mentí a ti. Pude convencerme. Pero cuesta la noche leyéndola y la apuesto toda entera. Negra y salvaje se está quedando aquí, donde ya no hay nadie. Hay un cierto parecido entre todas las mujeres que saben leer y escribir. Si les cubres las manos, podrían ser la misma. Leo y me recreo en las tumbas de mujeres que se encorvan en Roma y siento un gran deseo de estar sola y sin sorpresas lo estoy. No hay que enseñarles nada a los hijos no nacidos, no necesitan el nombre que les hemos puesto, no tienen que aprender a nacer, a crecer, a respirar entre tanta espesura y lentitud. Pero yo me empeño, les hablo, les convenzo. Tantas veces como mentí, ahora amo esos hijos que están por venir. Y sé que tengo un vientre tibio que sabrá cómo acomodarse para todos ellos. Tanto mentí, para qué. Blanca Varela está cerca de una sirvienta que se convence de su fe, que recoge del suelo los pedazos de cal caídos de las paredes mientras empuja a un sacerdocito joven e inexperto para que vaya a verla. Muere Blanca Varela tardíamente. Eso está pasando ahora, aunque lo muerto, muerto esté y muerto se quede. Es terrible que un fantasma pueda ser de mediodía. El ojo de Dios es redondo y da miedo, te observa sin piedad y te mueve como si fueras el muñeco de un niño consentido. Me acuerdo de los niños consentidos y de sus padres y también del padre de Antón, que todavía está por nacer. Lo nacido, nacido está. Pero qué glorioso el momento en que uno descubre que se mintió y sabe ver dónde quedó escondida la verdad, dónde se puede localizar a esa serpientecilla que se pierde entre alfileres y nostalgia, tanto da. La letra de Blanca Varela se me pinta en la piel y ya no sé dónde debería estar esta noche, con quién. Se me vienen encima todas las mujeres fieles y obedientes que esperan con una impaciencia apenas perceptible. ¿Es que puede haber una certeza que caliente lo suficiente como para quedarse inmóvil, tejiendo? Todas las mujeres son la misma y yo la observo porque no tengo nada mejor que hacer. Las miro y confío en sus grandes cuerpos que acogieron a hombres necesitados de una madre verdadera. Escriben en penumbra y descubren los rincones de los ríos. No sabría por dónde empezar, yo, si tuviera que esperar, si tuviera que mantenerme firme en alguna postura. Pero hay que desesperarse con un cierto orden, dice Blanca Varela, y es casi un guiño que vaya dirigido a un hombre con apellido Paz. Es todo siempre tan terrible al mediodía. Y que vuelvas a casa y siempre quede una punta que sobresale de toda la madeja despeinada y te deje sumergido en aguas completamente sucias y malolientes. Vuelves a casa y la trampa estaba ahí, esperándote. La única fiel en toda esta historia de sombras. Cientos de mujeres sabrían, mejor que yo, cómo amarte.

5 pensamientos en “Historia de sombras

  1. qué evocador tu texto: paz, sombras, mediodía, mujeres, mentiras, muerte, guiños, amor…
    y no sé, pero qué importa que sean cientos, o miles, no es cuestión de cantidades, si no de volver a casa, y que no sea la trampa la que nos abre la puerta, si no todo lo bueno que queremos compartir con quienes queremos compartirlo :) me he hecho un poco de lío :) hoy estoy agotada, creo que nunca hablé tanto en clase como hoy, más de cuatro horas :) un beso muy grandeeeeeee muacsssss

  2. me ha encantado Fusa!
    “Hay un cierto parecido entre todas las mujeres que saben leer y escribir. ” ciertísimo!!! todo el texto me lo comí de un tirón

  3. Me gusta Blanca Valera, tambien Idea Vilariño, y tú. Fue una asociación que me vino sola, leyéndote, recordando los poemas de las dos y tu texto…

    Las sombras, Fusa, y el mediodía da miedo pero luego ya no, un día no te pararás en las trampas y dejar de dar vueltas en los sumideros. Pero aún no, creo que aún te falta pero también creo que todo llegará.

    Y sí, lo muerto, muerto está pero quedan los hilos y el tejido, ay del tejido!

    Abrazo, Fusa de sombras

  4. Qué curioso, Margot… cuando hablaba de las mujeres que saben leer y escribir y se parecen, cuando decía que, con las manos cubiertas, todas son la misma… pensaba en Idea Vilariño. Compré el otro día tres libros: dos de BV y uno de IV. Y de sombras y esos poemas ha salido este texto. ¡Hay cosas que no mueren, por lo que veo! Que serpentean solas por ahí… hasta que unen.

    Muchas gracias a las tres por los comentarios.
    Un abrazo grandioso.

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