Dos años menos tres días

Cuadernos de todo, Carmen Martín Gaite

Una siempre acaba cayendo sobre
las mismas trampas. Cuando puedo
reconocerme en una cita, la guardo, la
vuelvo a escribir; cuando en un libro
puedo salvarme, doblo la esquina de una
página. Y al final todo es miedo por no
saber encontrar esa puerta salvadora
de nuevo. Por eso rescato el texto
Ocho años y tres días que escribí hace
dos años menos tres días, porque ésa
es mi esquina doblada, mi cita
aprendida de corrido, mi salvación:
todo lo que una vez quise decir para
después repetirlo incansablemente.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana
y, en todo este tiempo, una vez,
una sola, dije exactamente lo que
quería decir. Hoy hace diez años que
murió Carmen Martín Gaite y, en todo
este tiempo, una vez, una sola, dije
exactamente lo que quería decir.
De nuevo voy a decirlo.

Ocho años y tres días
La primera vez que yo me escondí de la vida para refugiarme en la literatura fue hace ocho años. Ocho años y tres días, para ser exactos. Era el cumpleaños de mi hermana y quería decirle tantas cosas que tenía acumuladas desde hacía tanto tiempo, que me enfrenté, en una esquina de mi cama, al temido papel en blanco. Quería decirle todo eso que nunca le hubiera dicho mirándola a los ojos, esquivando un temblor de voz que me delatara de ese falso corazón de piedra que solía achacarme ella. Y no es que fuera de piedra, qué va. Es que, y aunque ella nunca lo haya creído, siempre ha sido más valiente que yo para enfrentarse a las palabras.
Dormíamos en la misma habitación. Nos pasamos años y años envidiando a mi hermano que, por ser el único chico, gozaba de una intimidad y de un cuarto para él solo. Algo teníamos que hacer, supongo; aunque yo de eso no me acuerdo y ni siquiera entonces me lo planteé, pero ahora, pensándolo con la claridad del tiempo, supongo que lo que hicimos fue crear la misma intimidad que él pero con la presencia de la otra. Entonces las dos queríamos un espejo que llegara hasta el suelo para vernos antes de salir de casa. Ella hubiera deseado una llave para su armario, para que yo no pudiera cogerle la ropa. Yo hubiera deseado esa llave para abrirle el armario e intentar hacerme mayor a marchas forzadas, sin saber que crecería de golpe sin habérmelo propuesto antes. Ahora lo único que deseo es que, si tengo dos hijas, se quieran tanto como nosotras. Ahora lo único que deseo es que, si algún día formo una familia, haya un lazo tan grande como el que nos une a mi hermana y a mí. Y repetiría la misma fórmula que mi madre: tres hijos, la mayor y la menor niñas, diez años de diferencia, una misma habitación, dos vidas cruzadas. La repetiría a sabiendas de que nunca habrá dos hermanas así, como nosotras, porque hoy sé que es imposible. Hoy, ocho años después de haberme enfrentado a las palabras por primera vez, sé que no habrá un amor tan puro como el nuestro ni un cara a cara con la escritura tan complaciente como la de entonces.
Aquel veintidós de julio yo desnudé mi alma tras el biombo, y lo hice con un papel y un boli. Quería regalarle todas aquellas palabras que se me atropellaban en la garganta cuando, con la luz apagada y el buenas noches dado, ella me decía que me quería y yo me quedaba callada. Todos esos y yo también los había almacenado en mi memoria y, hace ocho años, cuando quise abrir aquel cajón de te quieros fríos, no me atreví a dárselos sin la ayuda de la escritura. Yo no quería tener un corazón de hielo, yo quería ser como ella y decirle todas las noches lo importante que era para mí, yo quería que llegara su cumpleaños y ella tuviera algo mío, algo único, algo que nunca nadie le hubiera regalado. Y le escribí una carta. En la esquina de mi cama empecé a pensar en cómo podría explicarle todo lo que era para mí. En su indispensable presencia en mi vida. En esa necesidad que no había experimentado antes. Mi hermana, Miriam, era la primera persona a la que yo necesitaba. Necesitar de verdad. Y ella, mi hermana, Miriam, fue la primera persona a la que acudí, la primera persona que estuvo, la primera persona que está, que estará y que volvería a estar por más años que pasaran. Ella, mi hermana, sigue siendo, a día de hoy, la primera persona para todo. Porque desde que escribí aquella carta, mi corazón ya no es de hielo, ni de hierro, porque gracias a ella busqué dentro de mí una manera de deshacer todas esas palabras que nunca soy capaz de decir, pero sí de escribir. Y porque aquella carta fue importante, hoy escribo ésta para acabar con esta etapa de palabras escritas. Porque sigo refugiándome en la literatura para decirle que sin ella yo, quizá, estaría ahora muerta. Muerta de pena, por ejemplo. O muerta de incomprensión. O muerta de soledad. Estaría muerta sin ella porque yo, después de ocho años, sé que sin su ayuda no habría sido capaz de continuar.
Hoy, ocho años y tres días después de abrir esa veda de sentimientos de papel, la cierro. Y brindo hoy porque hace treinta años y tres días nació la persona más importante de mi vida. Por la que mataría y moriría. Brindo también por aquella necesidad de decirle lo mucho que la quería, porque gracias a eso me refugio entre palabras y me siento bien cuando lo hago. El veintidós de julio brilla en el calendario. Por mi hermana, por aquella carta, por mi refugio y, porque mientras yo me arrugaba en una esquina de mi cama y empezaba a jugar con las palabras, la vida de Carmen Martín Gaite se apagaba dejándome un montón de cuartos donde refugiarme, dejándome un montón de palabras para cubrir esas necesidades que nacían con mi hermana cuando morían las suyas.
Hoy, después de ocho años y tres días, celebro que el verdadero placer de mi vida me lo trajera el amor por mi hermana Miriam y celebro que repose mi búsqueda de la palabra exacta al encontrar la literatura de Carmen que, además, es tocaya de mi madre.
25 de julio de 2008

I
Todavía queda un lugar
para las mujeres que convirtieron
toda la pena en una ternura implacable
para las que son como tú y se ríen
cuando en realidad querrían pedir perdón
para las que lloran cuando en realidad
sólo quieren darte las gracias

Todavía queda un lugar puro
para las mujeres que, como tú, salvan
el pan y la mesa y un pedazo de tela
para no pasar frío en las noches de verano
y se esconden del deshielo porque
el terror no tiene nada que hacer

Todavía, hermana mía, hermana siempre,
queda un lugar para que vuelvas y
todo cambie y se encienda una chispa
en tu pecho y recuerde a cuando no sabíamos
que lo peor y lo mejor todavía estaba por venir

Y tú cantabas en voz baja en la cama
sin que yo comprendiera qué decía la canción
y tú detenías tu vida, la pasabas lenta
para que pudiera yo seguirte a todas partes
ignorando que igual pensaba hacerlo

Todavía quedan lugares para que
puedas defenderte de una luz morada
que se acerca como si fuera el fin pero no
es más que otro amago de los nuestros

Todavía está ese lugar que esperas,
espera por ti y huye del riesgo por el riesgo
aferrándose a la risa de un recién nacido
que todavía no conoce la alegría

II

Te estaba contando cómo es que te recuerdo
sabiendo que nunca antes pude tenerte
cuando caigo en la cuenta de que nacen a tu paso
a tu paso de muerta, de eterna
unas plantas que no se dejan arrancar
por la mano infantil ajena al poder

Te iba a contar cómo te hablé una noche
creyendo que no podía existir un lugar
donde tú pudieras ir y te recogí en una isla
donde las raíces de los árboles vienen de una nube
donde la arena se puede separar una de otra
donde el agua está quemándote la piel
donde un joven enfermo todavía tiene esperanza
donde una mujer violada está naciendo de ti
donde tú podrías jugar en el cuarto de atrás
pero no podías escucharme, tú

Tú, que sabrías dónde encontrarme, que
perdiste la última batalla pero nadie te juzga
cobarde, tú que tenaz te impones a la muerte
y me dejas una duda enredada en el pelo
para que no consiga olvidarte nunca del todo,
siempre reapareciendo, siempre viva en los dedos,
tú, que te estás resistiendo a caer, que te hace cosquillas
la nostalgia, tú no puede ser que no me pertenezcas

14 pensamientos en “Dos años menos tres días

  1. Había algo que me faltaba por decirte y este es el lugar, el día y el momento perfecto para hacerlo: gracias por escribir, F., muchas gracias.

    (también felicito a tu hermana, también me uno a tu homenaje a ella)

    Te quiero.

  2. Notas I: el primer poema es para mi hermana, el segundo para Martín Gaite. A una para celebrar que nació y a la otra para recordarla en el día que se fue (se entendía ya con el texto… pero una tiene necesidad de aclarar).

    Notas II: esta entrada también tiene algo de dedicatoria para los que de alguna manera u otra están más cerca porque CMG lanza hilos interminables. Dudo, David G. Couso, Iraide, Ainize y, especialmente, Gloria.

    Notas III: transcribo el texto de la libreta de CMG por si no puede leerse bien.

    La libertad siempre da algo de miedo cuando se ve de cerca, ¿no lo sabías?

    RETAHÍLAS
    Lo peor es la indecisión. En este viaje sólo la he tenido al pensar que podías recibirme con esa cara de antes. Porque eres dos personas. Despistas. Eso decía Enrique. Las familias separadas, es tremendo. Las unidas también. Pasa lo que con el orden y el desorden, hija. El orden se comprende desde el punto de vista de ELLOS. Quieren extirpar la amenaza de la ruina, pero son…

  3. Gloria: qué rapidez la tuya… tanto transcribir de la libreta de CMG y te me has adelantado.
    Gracias a ti por tu lectura, no quiero decir sólo por que leas, sino por cómo lo haces, por la versión que haces de mí, de la que te habla y también de la que escribe como si disparara.
    Un abrazo muy grande, preciosa.
    Te quiero una barbaridá.

  4. Entro de puntillas en estos textos íntimos para decirte Fusa que admiro tu valentía en escribirlos y tu admiración cuando llevabas dentro una fuente enorme de cariño.

    Celebremos esos hilos o esas libélulas que, a veces pienso, nos manda para que no nos abandone la palabra.

    Un fuerte abrazo.

  5. Isabel: no te lo vas a creer, pero hace unos minutos, viniendo en metro, me he dado cuenta de que en la dedicatoria de la Nota II no te había incluido y, por supuesto, si llegué a El costurero también fue por CMG. Y cuando me he dado cuenta, he querido llegar cuanto antes y comprobar que todavía no habías venido a este 22 de julio y yo iba a poder rectificar en mi despiste… pero ya estás aquí. Igualmente te lo digo: también, esta entrada, para ti,
    Muchísimas gracias y un abrazo.

  6. GRACIAS MIL GRACIAS!!!!!!!!!!!!! Te quiero!!!!
    En la despedida de Vero su hermana le hizo un dvd precioso con todos sus momentos y yo llore desde el minuto 0 solo pensaba en tí… Ruth le decia una frase muy bonita que yo quiero decirte:
    TE QUIERO MÁS QUE A UNA HERMANA PERO IGUAL QUE A MIS HIJOS!!!!!

    MÍRIAM MARAVER

  7. Miriam: siento no haber escrito un texto nuevo para este cumpleaños, lo que pasa es que, cuando pensé en hacer otro, me di cuenta de que quería decir exactamente lo mismo… y sabía que, si escribía algo, me iba a repetir. Porque lo que quiero decirte es exactamente eso. Espero que el poema, que es lo único de hoy, te haya gustado.
    Muchas gracias por todo. ¡El 22 de julio es tan especial para mí! Te quiero muchísimo, wiki (yo más que a una madre).

  8. Me quedé callado un rato después de haberte leído a voz callada. Dos hermanas. Y una escritora, tocaya de tu madre. Ah, mucho tiempo que no he escuchado esa palabra: tocaya. Siempre pienso a un pájaro en la selva brasileña, brasileira querría decir pero no tengo que mélanger demasiado las lenguas porque cansa. Mi hermano canadiense se quedó en mi casa hace poco por casi un medio año y mi hermana Miriam también, sí, así se llama mi hermana francesa. Mi hermano y yo compartimos habitación en la casa donde todavía era vivo nuestro padre y después de la mudanza a la nueva casa blanca, más pequeña, comprada por mi abuelo, seguíamos a compartir un cuarto. Mi hermano construyó una pequeña radio cristal, así la llamaron, cristal, y recuerdo como los dos escuchábamos al radioteatro “Anna Karenina” y el silbar del tren que se acercaba…

    En vez de seguir escribiendo sobre mí juventud quiero decirte que esta entrada tuya del 22 de julio es preciosa. (Mi padre murió 9 días después, el 31 de julio 1955.)

    En Wikipedia leí sobre la vida de Carmen Martín Gaite. Comprendo por qué ella es importante para tí.

    Un abrazo

  9. Giovanni: es como si en julio todo se me mezclara… cuando empecé lo primero que escribí -más o menos en serio- era verano, los cuadernos de verano, los de antes, cuando me mandaban en el colegio un diario de las vacaciones, después la carta a mi hermana, después empezar Bergai, después, leer incansablemente todo lo que podía de Carmen Martín Gaite, el vínculo casi íntimo que tenía con la escritora aunque estuviera muerta (y todo lo que se abre ante mí gracias a la semilla que dejó la lectura de ella… las puertas que me abre). Es como si en julio se decidieran siempre las cosas importantes. Recordaba que el texto se llamaba Ocho años y tres días, pero no había caído en la cuenta de que eso suponía haberlo escrito el 25 de julio, cumpleaños de otra de las personas más importantes de mi vida… y me preguntaba cómo podía ser ajena a eso mientras lo escribía y, ahora, no poder separar algunas cosas que coexistían sin tocarse apenas. Es extraño cuando empieza al verano de aquí, porque se juntan muchas cosas y parece que uno sólo puede recibirlas con alegría. Mi hermana cumplía años, yo buscaba un refugio, Carmen moría, después vino su literatura, después vino Bergai, toda esa admiración que va en tantas direcciones, para Carmen, para mi hermana, y yo me siento tan pequeña, como naciendo de esas dos grandes mujeres que han tenido tanta importancia en mi vida (y todavía la tienen).
    Es mucho más que una hermana y una escritora a la que admiro, es una cosa que va más allá de lo que se pueda comprender. Por eso esta entrada y este día es tan especial.
    Un abrazo y muchas gracias.

  10. Recuerdo perfectamente aquel texto de hace dos años. Felicidades a tu hermana por su cumpleaños y a las dos por teneros la una a la otra.
    Un abrazo muy grande.

  11. Ayer leí el texto y lloré. Ahora la lluvia es la que llora.
    Escribes maravillosamente que provocas responder a mis telarañas interiores.
    Muchas gracias.
    Mi cariño.

  12. Hoy terminaba “Delito por bailar el chachachá” de Cabrera Infante. Allí el cubano se pregunta si los siameses tendrán almas gemelas. Me gustó mucho esa pregunta y me quedó dando vueltas, buscándole todos los sentidos posibles. Luego de leerte tiene un sentido más.
    Tu falso corazón de piedra es hermoso. Es mejor tener un falso corazón de piedra, a uno de piedra. Y es mejor un corazón de piedra verdadero, a un no corazón. Dile que feliz cumple.

  13. Bel M.: aquel texto fue de la Fusa que nacía primeriza por aquí, cuando entonces tantas cosas eran incógnitas y ahora ya no lo son tanto. Me hace ilusión que lo recuerdes, el texto es importante para mí y la época también.
    Un abrazo, Bel.

    Graciela: muchísimas gracias. Después de dos años el texto sigue teniendo fuerza para mí y quedé satisfecha porque, como digo en la pequeña introducción, dije exactamente lo que quería decir. Y supongo que eso lleva a que se lea justo lo que se quiere leer. Me alegro de que te haya gustado.
    Un abrazo.

    Marcelo: mi hermana tiene unas amigas mellizas -vecinas en nuestro primer piso- con las que a veces nos atrevemos a compararnos… yo creo que hay un algo invisible entre algunos hermanos que bien se le podría decir alma y bien se le podría decir gemela. Muchas gracias por tu comentario, Marcelona, es hermoso pensar que crees que tengo un corazón de piedra hermoso. Muchos besos.

  14. Siento la necesidad de escribir algo , pero la verdad no se que decir,y escribiendo soy muy malo, solo darte las gracias por escribir y dejarme esta sensación de paz regalandome tus sentimientos escritos.
    También queria preguntarte si te gusta cantar? por que si así fuese los angeles se quedarian mudos.

    EL MARIACHI

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