Te dije que dormía así

El joven Narciso durmiendo, Salvador Dalí

Vicenta está tomando café en el salón de la madre de Eliseo. Están charlando las mujeres, incluida la criada que, de tantos años como lleva con la familia, a veces se quita el delantal y la cofia y es una más, una amiga. Vicenta fuma un cigarrillo por primera vez y tose e insiste en que quiere hacerlo.
-Dejadme, quiero hacerlo.
-Pero, chica, si es que no sabes fumar. No te veo que te tragues el humo.
-Es que me deja la boca muerta.
-Pues para eso no fumes, mona.
Pero Vicenta está nerviosa y necesita entretenerse con ese cigarrillo que la mano larga y flaca de Marion, la madre de Eliseo, le ha ofrecido: unas uñas pintadas de rojo, unos nudillos agresivos, la piel intacta, blanquísima. Vicenta sigue tosiendo e insistiendo en que quiere fumar porque necesita hacerlo. Marion empieza a tener sueño y ella dice que no puede volver a casa todavía porque su madre le está comiendo los nervios y, desencajada como lo dice, su amiga le deja quedarse hasta que le apetezca, pero ella se va a dormir.
-Ocúpate de ella.
-Sí, señora.
Y la criada instintivamente se pone el delantal y la cofia y se queda al lado de la señorita Vicenta que ya la está mirando de reojo. Marion da las buenas noches y se retira: da tanta lástima, desde que duerme sola, cuando se marcha a dormir y se peina antes de meterse en la cama, tanta lástima, que se mire en el tocador para ver si está hermosa y que lo esté y después se meta en la cama y nadie vaya a desabrocharle la camisa que usa para dormir. Se marcha así, abandonada por los hombres que se acercaron asustados y se fueron de igual forma, mientras que su criada y su amiga hablan en el salón y fuman un cigarro a medias sin tragarse el humo.

* * *

-Te dije que dormía así, dice la criada cuando Vicenta se lleva la mano a la boca.
Están en la habitación de Eliseo mientras él duerme. Muchas noches, cuando su madre ordena que se le planche y doble y deje en la habitación la ropa que ella misma ha elegido, la criada ha podido ver que Eliseo, sea invierno o verano, desde muy pequeño, duerme completamente desnudo. Cuando era muy pequeño lloraba porque decía que le daba vergüenza y su madre insistía en que así era mucho más higiénico y que no iba a criar a un animal, que estaba bien así, durmiendo desnudo, y que no valían excusas. Pero la criada entraba por las noches y le ponía un pijama que tenía ella escondido en su armario, un pijama que era de su hijo, pero su hijo murió aunque no lo haya contado en esa casa porque quiere olvidarlo, y lo tenía guardado todavía en la pequeña habitación que le dieron cuando entró a hacer el servicio -recién viuda la señora-. Eliseo se lo ponía rápido y después volvía a quedarse dormido plácidamente. Un poco antes de que Marion fuera a la habitación del niño para despertarlo, la criada entraba y lo desnudaba sin que apenas Eliseo se despertara.
-Pero una noche, bien grandecito ya, entré para ponerle el pijama y me dijo que no, que así estaba bien. Y yo me lo quedé mirando sorprendida porque todas las noches se lo ponía y parecía que le gustaba. Y después por la mañana se lo quitaba y santas pascuas, aquí nadie sabe nada y eso era un secreto del chico y mío. Ya te lo dije yo, que dormía así.
Eliseo tiene las piernas abiertas y mira obsceno al techo con todo su vientre, con su sexo, con la punta de los dedos de sus pies, con el pecho, con los ojos cerrados. Duerme profundamente y a Vicenta le da un poco de tos y tose sin que se esté dando cuenta.
-Pero haz menos ruido, mujer, que si nos ve la señora, qué va a pensar.
-Deja de llamarla ya señora. Y qué va a pensar sino que estamos mirando a su hijo desnudo mientras duerme, que somos dos mujeres que estamos tan solas y tan necesitadas, que podríamos incluso enamorarnos de un jovencito como él.
-Habla por ti, oye, yo nunca, nunca, si lo veo desde que es así (y levanta un metro del suelo con la mano que pretende dar la medida) y en la vida se me habría pasado por la cabeza.
Pero la criada se acuerda de aquella noche en que entró en la habitación de Eliseo para ponerle el pijama y él estaba muy despierto y como esperándola y, al abrir la puerta, se incorporó un poco y le dijo ven, con lo que ella se asustaba de noche, se acercó nerviosa y le fue a poner el pijama pero Eliseo estaba excitado y ella todavía no se había dado cuenta de que ya no era un niño, le dijo, anda, ponte bien que te sujeto los pantalones y tú metes los pies, pero Eliseo se quedaba quieto y le tiraba de la mano como para que se tumbara a su lado, pero ella quieta con los pantalones en la mano para que él entrara los pies y se pudiera ir a su cama como todas las noches, Eliseo le dijo que no, que ya quería dormir desnudo, también que quería dormir con ella, que la quería, que se había enamorado de ella. Por la mañana se levantó como siempre a quitarle el pijama y, cuando entró en la habitación de Eliseo, recordó que la noche anterior no lo había vestido finalmente.
-Que ya te lo dije que dormía así, ahora vámonos que es tarde, Vicenta. Ya no somos unas niñas para andar haciendo travesuras como ésta.

4 pensamientos en “Te dije que dormía así

  1. Wara: no son más que tuencos dichos de otra forma… ceré el círculo de a destiempo y de tuencos, ahora son equilibrios y coseduras. Me alegro de que te hayan gustado.
    Un abrazo.

  2. Wara: hacía tiempo que no escribía tuencos… me puse una canción de Antonio Vega, cogí palabras al vuelo y me obligué a construir algo con esas palabras y salió Eliseo y su madre y todo lo demás. Así han empezado las coseduras… y así deben seguir.
    Un abrazo grande.

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