Dicen que la abuela

La amiga de la abuela, Georges Braque

Dicen que hoy la abuela cumple cien años. Y lo dicen porque es ella misma quien ha dado la noticia. Nadie sabe cuál es su año de nacimiento y de un año para otro incluso varía el día (nunca el mes, siempre es en abril, siempre a punto de estallar la primavera, siempre a punto de comprarse un vestido con colores, quizá floreado, para acabar siempre en el mismo pañuelo y traje oscuro, desde lo del abuelo que, hoy, quién sabe la edad que tendría). Cuando le pregunté el primer año que cambió de fecha cómo era posible, me dijo que en su documentación aparecía un día después, porque su madre, cuando tuvo que ir al registro, se equivocó de número (de los nervios, dice, porque su madre cuando se trataba de cosas oficiales… ahora no, ahora la gente le habla a sus mayores de cualquier manera, pero antes…). Por eso a veces lo celebra el día cinco y a veces el día seis. De todas formas, el año nadie sabe cuál es y dicen que la abuela cumple hoy cien años sólo porque ella misma así lo afirma. Nadie se explica cómo es posible, con la memoria que tiene, con todo lo despistada que es, cómo es capaz de haber contado estos cien años, olvidándose a veces incluso del nombre de todos nosotros, o de dónde vive, o de cómo se llama una patata o un tomate, o en qué cama duerme. Cómo es posible que sepa que va a cumplir cien años y no noventa y nueve o ciento uno (y, sobre todo, cómo puede saberlo ella si nadie le damos ya importancia a cuántos años pueda tener ya la… vieja.
El año pasado, unas semanas antes de que llegara su aniversario (¿y cumplía ciertamente noventa y nueve o fueron noventa y ocho?), me hizo acompañarla a la ciudad a comprarse un vestido bonito. Montamos en el autobús de los martes que es el único que va hacia la ciudad directamente, porque los demás hacen muchas paradas y a la abuela le acaban doliendo todos los huesos. Poco antes de llegar, el auto se paró y el conductor tuvo que parar. Unos policías venían a pedir documentación y a ver que todo estuviera en orden. Cuando llegaron a nosotras, la abuela no tenía, como el resto de pasajeros, el papelito en la mano, ya preparado. Antes de que se lo pudieran pedir, la abuela dijo que se lo había olvidado en casa (unos segundos antes me lo había hecho meter dentro de las bragas, diciéndome que ahí era imposible que lo vieran, que lo buscaran, que lo encontraran). Le preguntaron cuántos años tenía y no quiso contestar. Así que, por insolente, nos tuvimos que bajar del coche y esperar allí a que volviera el que nos devolvía a casa. Cuando llegamos sin el vestido, lo primero que hizo la abuela fue levantarme un dedo y decirme: no había ninguno que me gustara, no los había bonitos. Dándome ya a entender que el tema de la edad iba a ser siempre tabú entre nosotras, también un secreto.
Salí corriendo y me metí en el baño en cuanto bajó el dedo y pude entrar sin decirle nada a nadie (en ese momento mi madre le estaba pidiendo explicaciones de por qué un sostén suyo y el pintalabios rojo de los domingos estaba en su mesita de noche). La abuela, por supuesto, había olvidado por completo que yo llevaba en mi ropa interior su documentación. Me bajé las bragas dejándome puesta la falda que había elegido para ir a la ciudad y pude ver el año en que la abuela nació. Por la noche se lo metí en el cajón donde siempre ella lo guarda, entre la misma ropa, colocado de la misma manera. Aquel año cumplía noventa y ocho años y no le dolía estar a dos del centenario. Pero este año todos dicen sin saber que la abuela cumple cien años sólo porque ella así lo dice, y nadie sabe, nadie puede saber, que la abuela sólo tiene miedo de morirse sin haberlos cumplido. Que la abuela sólo tiene miedo.

25 pensamientos en “Dicen que la abuela

  1. Nadie sabe, como sé yo, por qué anticipa un año la celebración del centenario. (“Necesito adelantar la fecha, si aguardo a celebrar la fiesta de los cien años, ese año no se cumplirá”).
    La trampa, Ana María Matute.

    Felicidades a mi abuelo, que también engaña al tiempo y a los años con su ternura y su discreción.

  2. María Jesús: muchas gracias, MJ. Que sepas que sigo pasándome por tu paradela de coles, pero ando algo silenciosa últimamente… os sigo en la semana de, y me pareció maravilloso el dibujo para Mariel. Felicidades por la iniciativa.
    Un abrazo.

  3. PRECIOSO, FUSA, Y EL FINAL, ME ENCANTA.

    Ayer estuve repasando tus bien descritos tuencos, por cierto, ¿sabes de dónde viene la palabra?

  4. Isabel: me alegro de que te haya gustado. Se lo debo en parte a Ana María Matute y en parte a mis compañeras de trabajo, Marta y Lorena, que a veces se convierten en cuentacuentos.
    Lo de tuencos es sólo un desorden de la palabra cuento. En Bergai, una novela fragmentada que fui colgando (hasta que la acabé y la saqué entera para que volara por ahí…), escribí un cuento que se llamaba tuermos (de muertos), gracias a un episodio familiar de Dudo (aquí a la izquierda, Manual de superviviencia para torpes).
    Un abrazo.

  5. ¡Qué bueno una abuela tan inspiradora! y si además tienes un abuelo, mejor aún.
    A mí me encantan los ancianos, me producen mucha ternura. Un abrazo, felicidades a tu abuelo.

  6. Virgi: la abuela de M. se negó, en la frontera con Francia, a decir su edad… se quedó huérfana y no sabía cuándo había nacido… y después se acordaba cuando le venía bien, aquel día, en el cuartelillo, pues no.
    Ay, mi abuelo… por suerte toda la familia de mi padre, él incluido, es toda muy joven… me quedan iaios para rato. Que así sea.
    Un abrazo y gracias.

  7. Fusa siempre seremos tus humildes musas inspiradoras con las historias de nuestra vida y de nuestros mayores.
    Gracias por permitirnos formar parte de tu vida literaria.
    Un besote,Lore “la argentina”.

  8. Lorena: andá, qué relinda sos…
    Qué menos, qué menos que formar parte de la vida literaria después de todas las horas que pasamos compartiendo historias de mayores o de hoy mismo (¡y algo de trabajo, también!).
    (El cerdito Estefanía tiene un hueco en estos fragmentos de interior…)
    Un abrazo, ¡listo!

  9. Conozco a personas mayores que niegan su edad y pretenden ser más jóvenes pero pienso que para otros el vivir debe de ser como un propósito personal, una meta. Supongo que no alcanzarla debe producir una especie de miedo a dejar tras de sí algo incumplido.

    Un abrazo. querida Fusa.

  10. Uf, Fusa. Cada vez que quiero comentarte algo, lo primero (y casi lo único) que me sale es un “uf, Fusa”. Es que nunca encuentro nada para agregar. Sos tan redonda, tan perfecta.

    Quiero tenerte en mi biblioteca pronto, nena. Sé que así será.

    :)

  11. Wara: y hay algo en eso que no es sentirse más o menos mayores, hay algo dentro de esa mentira que es de miedo. Y yo, hasta que no leí ese fragmento de Ana María Matute, no había reparado en ello.
    Un abrazo.

    Gilda: muchísimas gracias, querida. Tampoco habría mucho que agregar, ¿qué más puede decirse, con tan poco, tan comprimido tu compromiso con estos textos míos?
    Que así sea, que de cualquier forma, en cualquier formato, oficial o no, reposen estos cuentos en tu biblioteca.
    Un abrazo.

  12. paso por aqui, tras la recomendacion de gilda , que es mi amiga, y como siempre ella no se equivoca, me encantó lo que acabo de leer….es fantastico!!!besos

  13. Felicidades a tu abuelo, Fusa, por tener la suerte de tenerte como nieta, y a ti, por el viceversa.

    Genial el relato. Genial.

    Un besote.

  14. Querida Fusa, me invadió la ternura y me metiste de lleno en mis recuerdos. Mi abuela materna era de esta especie. Hasta un día se preguntaba, con mi madre, la causa de que a ella le hubieran salido canas y no a su hija. Por supuesto, ni sabía ni quería saber su edad, pues a los 70 se quedó parada para siempre.
    Me gustó mucho. En tu casa siempre disfruto. Es un placer venir aquí.

  15. Supongo que un día se llega a una edad en la que cumples los años que te da la gana. Supongo también que un día llegas a una edad en la que el miedo, tu miedo, no sé parece en nada a cualquier otro que hayas conocido antes.
    Un abrazo muy fuerte y un beso más fuerte aún. Gracias Fusa por seguir ahí.
    Rafa

  16. Dany: entrando de la mano de Gilda a estos fragmentos es entrar por la puerta grande. No eres la primera y espero que tampoco la última… tengo mucha suerte de contar con una compañera así, la verdad. Me alegra de que además de bien recomendada te haya gustado la historia.
    Un saludo, Dany.
    Gracias por pasar.
    (Gracias también a ti, Gilda, por tanto).

    V: de otra gente igual no, igual se puede dudar, pero creo que él sí cree que tiene suerte de tenerme y yo, por supuesto, la tengo. Es una gran fortuna, la nuestra.
    Un abrazo y gracias (¡me encantó el vídeo aquel!).

    Isabel Martínez: qué curioso el tema de la edad, de verdad que yo nunca hasta ahora le había dado tanta importancia ni sabía que podía llegar a ser tan trascendental… los abuelos, qué maravilla, creo que todos acaban perteneciendo a esa especie entrañable y tierna. Yo además spude disfrutar hasta de una bisabuela, imagina.
    Gracias por tus palabras.

    Rafa: tanto miedo a cualquier cosa, tanto miedo siempre, persiguiéndonos, y después fíjate, todo lo que uno quiere es cumplir un año más, sea cuál sea, como si se pudiera coquetear con el tiempo.
    Gracias a ti, para mí es todo un placer seguir y seguir.
    Un abrazo.

  17. Felicidades a Fusa, por maravillarme siempre.

    Y felicidades también para el abuelo! Vaya nieta que tiene!

    mil besos*

  18. Rayuela: muchísimas gracias, Silvia. Qué maravilla hacer un cuento de felicitación y llevarme yo más satisfacciones que él, ¿eh?
    Un abrazo grande.

  19. Y tal vez ganas de celebrar una pequeña fiesta, sola o en compañía de sus queridos, porque se ve por lo que cuentas que no han sido cien años de soledad. Qué buena compañía de su nieta!

    Besos

  20. Giovanni: una fiesta pequeña, como la que recuerdo de Coronación, de José Donoso, donde la abuela está ya demasiado mayor y todo lo organizan las criaditas… ella está en la cama, bien vestida, maquillada, y pasan a verla ya pocas personas… al final acaban las criadas disfrazándose y emborrachándose y quedándose dormidas sobre la cama de la abuela.
    Un abrazo.

  21. Ese cuento de Donoso que no conozco suena lindo, amoroso. Conoces el cuento de Lispector sobre la fiesta de cumple de una madre o abuela en que más que todo se siente la desarmonía familiar? Tiene unas escenas maravillosas como la en que el hijo da su charla, críticamente observado por su hermana…

  22. Giovanni: es una novela la de Donoso. Una gran novela. Si te pasas por la librería de bolsillo, allí hablé de ella para recomendarla.
    Del cuento de Lispector no sé nada… he leído algunos libros, no todos, pero la antología de cuentos me falta entera, he leído sólo algunas cosas que ha colgado Bel… lo demás, todo inédito para mí. ¡Me lo apunto!

  23. Isita: vaya, muchísimas gracias, eso sí que no me lo esperaba. Ahora que ya sabes en qué coordenadas estoy, bienvenida… tome asiento si gusta.
    Un beso.

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