Tu padre, el pobre

Viuda, Francisco Arjona

II

Para mí que tu tía andaba enamoradita de su hermano y por eso ahora, ahora que lo han muerto, nos trata así. Porque dime tú a mí qué sentido tiene tratar a los de tu misma casa así de esa manera. Que para eso, digo yo, para eso, total, total: nada. Lo que le pasa es eso, que se moría de celos cuando tu padrecito venía y me daba un beso en la frente, que le veía yo la cara que ponía como si yo, que muy cariñoso no era, el pobre, pero lo poco que era no se cortaba delante de la gente ni nada. Porque también, no me dirás tú lo contrario, también son ganas de estar mal una en su casa, que mejor cosa que llegar y ponerse tranquila no hay nada, pues ella me imagino que debe llegar y se pone hecha unos zorros porque estamos tú y yo viviendo aquí con ella. No sé por qué demonios nos ha metido aquí en esta maldita casa. Nosotras está claro que hemos aceptado porque no tenemos otra cosa. ¡Ay, si tuviéramos algo, aquí íbamos a estar… segurito! Que me ha dado por pensar, Martina, que lo mismo tu padre, el pobre, dejó una carta porque sabía que lo iban a matar. Algo así como un testamento pero de palabra, de pedir algo. Y lo mismo le dijo a su hermana que nos acogiera si algún día él faltara, que nos iba a faltar enseguidita. Porque él sabía, pobrecito mío, que yo me vine a este pueblo perdido por él y sólo por él, que no tenía a nadie cerca y casi que lejos tampoco, que yo me vine derechita hacia aquí por él y si faltara adónde nos íbamos a meter. Que yo sola, todavía, que no se me caen los anillos, tú lo sabes, me pongo a trabajar para alguna señora y con que me dé una habitación chiquita me conformo, además que soy buena compañía, que no molesto nunca y no hablo a menos que me pregunten, y siempre de usted, faltaría más, pero imposible, eso imposible teniéndote a ti. Aunque, mira, oye, hemos ido a parar a casa de una señorita que me trata peor que una desconocida. Y todo igual porque andaba medio tonta con tu padre, el pobrecito.
El pobrecito, el pobrecito.
¡Que me lo han matado! ¡Qué íbamos a hacer nosotros sin él! ¡Por qué lo hicieron! ¡Que me lo han muerto! ¡Se nos ha acabado la familia! ¡Cómo voy a criarte yo sola! ¡Qué voy a darte de comer! ¡Pero por qué tan pronto te has ido, marido de mi alma querido! ¡Cómo han podido hacerte eso! ¡Tan bueno, tan guapito, el pobre! ¡Y todo por un fajote de papeles que ni sé qué ponían! ¡Si ni siquiera sé leer, si quedamos en que me enseñaría cuando te hiciera aprender a ti! ¡Que se lo han llevado antes, ay! ¡Qué haremos sin ti, maridito! ¡Por qué te has ido! ¡Quién fue, dímelo, que pueda rezarle yo a ese hombre por las noches, porque matar a una persona como tú debe ser como caer en el infierno! ¡Dame fuerza, que alguien me dé fuerza! ¡Que me muero contigo, que me quiero morir! ¡Ah, ah, aaah!

9 thoughts on “Tu padre, el pobre

  1. El padre, el pobre, ya ni se entera. A mí la que me da pena es ella, y la nena más :/
    Las cuñadas… a mí tampoco me gustaría tener que vivir con la mía, eso desde luego -ni a ella conmigo, sospecho-. Lo que debiera hacer esta buena mujer, es moverse, en lugar de lamentarse, porque visto está que sirve para poco.

    Besos, guapa ;-)

  2. Leí de un tirón los dos capítulos! He llegado tarde!
    Y te digo, Fusita, que tus relatos tienen algo ancestral, arquetípico,que hacen que nos identifiquemos con ellos más allá de las diferencias geográficas y etarias.
    Y nada más, salvo que es un placer leerte,siempre.

    Mil besos!*

  3. Esta historia es perfecta para las personas de mi generación. Y la situación de una mujer pobre, viuda y analfabeta es tal cual.
    Pero tu, Fusa, tu ¿como puedes entender ésto y narrarlo con esa maestría?

  4. V: no tenía claro cuál era el título, lo estuve pensando casi más que todo el texto. Pero esa expresión hacia los muertos: los pobres, cuando ya, los pobres, somos los que nos hemos quedado con esa ausencia a cuestas, o acompañándonos.
    Un beso, guapa.

    Rayuela: pues más sentido tiene que lo leas de corrido, porque son las voces de la madre y de la hija. Ahora al escribir esto se me ocurre escribir las voces del resto de la casa, pero no lo sé, no quiero alargarlo demasiado.
    Muchas gracias por tus palabras… no es sencillo hablar por hablar y que coincida con todas las vidas a la vez y con ninguna, que tenga eso de arquetípico. Así que mil gracias.
    Un abrazo.

    María Jesús Paradela: ¡no me digas eso que no sé qué contestar ni qué decir! Muchísimas gracias. Me alegro mucho de que acabes de llegar y te sientas tan bien con todos mis textos. Es todo un honor.
    Que me quede lejos esa realidad y me meta de lleno en ella no tiene explicación… yo misma me pregunto por qué me resulta más fácil indagar en otras décadas que en la mía propia. No tengo ni idea.
    Un abrazo fuerte.

  5. Yo sí lo sé, Fusa (lo de indagar en otras épocas mejor que en la tuya) se llama “ojos en la nuca” y tiene algo que ver con el hipotálamo creativo, creo yo, jeje.

    Hurra por tu hipotálamo!

    Lo que más me gusta es tu forma de intercambiar voces y conseguir que me las crea todas, ahora en serio, eso sí.

    Besos!!

  6. ¡Fusa!, ahora que ya he leído “Lexico familiar” de Natalia Ginzburg, ahora justo vengo aquí y me encuentro este texto que, también, a borbotones, está lleno de un vocabulario muy íntimo, muy de cada casa, ay, el pobre (así también llamaba el padre de Natalia a su muertos, ay, los pobres), y es una maravilla. :) Como una niña hambrienta de tuencos te digo: ¡quiero más!

    Y muchas gracias por la recomendación. Tenías razón cuando me dijiste que me encantaría, por lo sencilla y lo cercana. Así ha sido. Voy a intentar hacerme ahora con “Las palabras de la noche”.

    Un dulce beso.

  7. Margot: ¿soy la única a la que hipotálamo le suena a hipopótamo? Para mí que tú eres de las mías.
    Viva lo que sea que me hace vivir otras vidas sin pisar otros lugares. Y viva también las ganas de pisar otros lugares para poder después extraer vidas.
    Es como si ya nunca se me fuera a acabar esta trampa que es escribir…
    Un abrazo, puñetera.

    (*: no he leído Léxico familiar, pero imagino, tras leer Querido Miguel y Las palabras de la noche, cómo puede ser de cercana y de, de, de… de así como ella es.
    Me alegra que te haya gustado y lo hayas disfrutado.
    Un abrazo.

  8. Ay, Fusa, con lo trágico que es todo y, sin embargo, sonrío. Sonrío porque leyéndote fue como escuchar una historia que se ha contado mil veces en mi casa de una viuda joven que se deshacía en desesperación y llanto, por quedar sola tan pronto, por no saber qué hacer con la vida, por haberla dejado él, también pobre, con siete cucharas y cuatro cuchillos… en referencia a los hijos e hijas del matrimonio que ella habría de sacar a delante sin saber cómo.

    Ya sabes que a veces me voy por las ramas con tus historias, y es porque realmente me meto bien en ellas, y oigo las voces, y unas llaman a otras. Un abrazo fuerte.

  9. Wara: ayer cuando leí tu comentario pensé de nuevo en La enredadera. Una de las protagonistas es una viuda joven, como ésta que me cuentas. Creo ya casi sin dudar que te gustaría.
    También pensé en Coronación, de José Donoso, que he acabado esta mañana. Qué maravilla.
    Un abrazo.

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