Un cierto orden

Bavardage, Federico Zandomeneghi

A mí no me engañáis, a mí no me engañáis. Desde que han llegado Julia y Rosario que el padre no deja de arrastrar las zapatillas de estar por casa y de decir esa frase. Desde hace mucho tiempo que los pies no le sirven para nada más que para moverse como un caracol pero sin babas. O sin que se vean. Y desde que están en casa, desde que es navidad, se le oye arriba y abajo del pasillo. ¿Y quién quiere engañarle, padre? Ya le hemos dicho que sí, que vamos al baile, que allá en la ciudad eso es cosa normal, que vamos solas, las dos, cogidas muy bien cogidas, a veces con amigas, y que no nos pasa nada, estamos ahí, miramos, bailamos un poco, bebemos algún refresco, charlamos con gente, padre, que lo pasamos bien, no es nada pecaminoso aunque la sala esté a oscuras. Entonces el padre, que no se lo puede creer, pregunta si es cierto eso de que la sala donde van a bailar está a oscuras. Ahí, en el pueblo, cuando hay baile, es al aire libre, en la plaza, y hay unos focos bien grandes alumbrando todos los rincones para que ninguna pareja pueda esconderse de nadie. ¿Qué cómo, que estáis a oscuras en ese baile del demonio? Julia resopla y mira a Rosario con reproche. Luis, que está ahí presenciando la escena, las mira y las admira, las envidia porque saben bailar a oscuras, porque pueden rozarse con otras vidas sin que la mirada supervisora del padre les afecte. O, en cualquier caso, les afecte desde tan lejos. O, en cualquier caso, les afecte sólo en navidad, cuando vuelven. Y todo porque Luis dio la noche anterior una fiesta en casa con todos los amigos, se los trajo, como cada año, para poner música de villancico y estar todos reunidos. Y el padre, que no participa pero no se mueve del sillón, quedándose ahí, desentonando, pero manteniendo un cierto orden en la sala, el padre ha observado cómo mueven las caderas Julia y Rosario y sabe que antes de irse ese movimiento no estaba en sus modales. Y le parece obsceno que los culos vayan de un lado para otro y que debajo se intuya que las calzas son mucho más pequeñas de lo que deberían. Entonces se levantó de un golpe y dijo eso: a mí no me engañáis, a mí no me engañáis. Nadie entendía nada. Todos habían advertido en los cambios de Julia y Rosario, pero nadie entendía nada. Luis, por supuesto, se enfadó: aquélla era su fiesta y bastante tenía ya con que la novedad fueran las hermanas de Luis que se han ido a vivir solas y casi vienen casadas ya. Cosa que al padre no hace más que molestarle que se hable así de sus hijas: de sus niñas. Así que se levantó y dijo: a mí no me engañáis. Y nadie, excepto Ramona, la única de las hijas que se ha quedado en el pueblo, pretendía engañarle. Nadie esconde en la tripa un secreto tan grande como el de Ramona. Ni siquiera los cuerpos libres y nuevos de Julia y Rosario.

7 thoughts on “Un cierto orden

  1. Me he reído, Fusa. Y me pregunto, ¿cómo es posible que tú, que no lo has vivido ni de lejos, sepas tanto de un tiempo, de unos personajes, de unas zapatillas, de unas voces que ya no existen? ¿O sí? La verdad es que la que desconoce del todo cómo es la vida en los pueblos soy yo…
    Un abrazo grandote.

  2. Me encanta todo, desde la imagen que has elegido hasta el final, pero me quedo con esa idea de ser capaz de rozar otras vidas… tan sugerente, para tanto pensar.

    Besos, feliz fin de semana.

  3. Sí, casi siempre engaña más ( y se equivoca más) el que siempre tiene que permanecer obligatoriamente en la luz, porque a la oscuridad le dará un sentido apetecible, necesario y,en todos los ámbitos, oscuro.

    Precioso texto.

  4. Fusa, ¿cómo hacés para que yo me vaya a otro tiempo, a otro lugar, para ver caras y gestos que nunca vi? Es tu capacidad de ponerte en el cuerpo de otro, a fuerza de excavar en las vivencias de tu propio cuerpo. Y cuando digo cuerpo digo alma, porque son sinónimos cuando se entrelazan y de ellos salen los demás, todos esos “otros” que nos habitan y de los que estamos hechos.

    ¿Reparaste alguna vez en el hecho de que las mujeres pintadas por Modigliani tienen las pupilas blindadas, clausuradas, vueltas hacia quién sabe dónde? Sospecho que las dos amamos a esas criaturas a quienes se les han volado los ojos, como pájaros.

    Un abrazo fuerte.

  5. P.S.: Ahora recorro nuevamente tus imágenes y veo que elegiste niñas de Modigliani con los ojos “abiertos”. Me quedé pensando por qué hay otras con los ojos “volados” (que son las que suelen seducir a la mayoría de la gente) … John Berger escribió un ensayo precioso sobre esto, “El alfabeto del amor en Modigliani”.

  6. No seré original…qué maravilla el paseo por el pueblo y por el tiempo!
    Quedo sin palabras, sólo leo y releo…tus historias son cinematográficas.

    Besotes!

  7. Bel M.: como no he estado, me como a la gente que sí y que está dispuesta en una noche de verano a desvelarme algunos secretos de los pueblos y las familias de antes. Y esa persona, esta vez, es la madre de H. En verano se puso mano a mano con la tía de H. a contar cosas. Y ésta, la de las hijas que vuelven y el padre sospecha que van a bailar en la ciudad, es una de ellas. Qué gozada esas tardes-noches cuando ya se va el sol y las historias empiezan a contarse como un hechizo que se le hace al presente.
    Una abraçada.

    Wara: ¡rozar otras vidas! Cómo serían las pasadas generaciones si hubieran podido rozarse con tantas vidas como hubieran querido. ¿Así como nosotros? ¿Egístas y malcriados? ¿O habrían sabido aprovecharse bien? Quién lo puede saber ya…
    Muchas gracias, querida. Y un beso.

    María Jesús Paradela: primero de todo, MJ, muchas gracias por venir a los fragmentos. Queda oficialmente hecha la bienvenida y el agradecimiento. Y segundo: ¡¡¡madre mía!!! Ayer por la mañana fui a tu perfil para ver quién eras, para ver tu casa, y vi la foto que tienes y… ¡¡te pareces a mí!! Bueno, yo me parezco a ti. No sé cuántos años tenías en esa foto, pocos, pero me parezco a ti ya un poco más mayor, cuando era niña no, pero ahora nos damos un aire. H. tuvo que confirmármelo porque pensaba que me lo estaba inventando.
    Cuando tenga un poco más de tiempo me daré una vuelta por tus palabras.
    Muchas gracias, un saludo.

    Pájaro de China: me encanta lo que me cuentas, Pájaro. Que los ojos se vuelan, no hay duda, lo que pasa que es más fácil verlo en una pintura de Modigliani, tan imperfecta y tan de la vida, que verlo en los ojos de la gente, que se vuelan pero de otra manera, una forma menos hermosa. ¡Que los ojos son pájaros que se vuelan, a veces para otros sitios y a veces para adentro! Sí había reparado en ello, pero por supuesto que no me lo había sabido explicar así de bien.

    Pájaro de China: elegí esas niñas porque la niña de mi cuento tenía los ojos abiertos y los tiene todavía. Pero buscando a éstas me encontré con esa clase de ojos que dices, algunos que son sólo una rajita por la que se vuela un color de mirada.
    Muchas gracias por tus palabras y tu visita.
    Un abrazo.

    Rayuela: imagino que en Argentina y en España el ambiente de los pueblos y el ruralismo no es tan diferente. Me alegra que te guste este escenario, muchas gracias, muchas, muchas.
    Un abrazo.

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