Las palabras de la noche, Natalia Ginzburg

Que yo sea una admiradicta de la vida rural literaria, de los pueblos, de -y esta expresión me gusta mucho- la gente antigua, del lenguaje coloquial, del lenguaje, como se dice en catalán, tal com raja, así, como viene, no me impide saborear de forma objetiva esta novela entrañable y tierna enmarcada en uno de esos escenarios que me sacan de una realidad, un tiempo y una ciudad tan alejados. No se miente si se dice que es la conversación de una madre y una hija, o se dice que, a propósito de eso, se explican muchas más cosas. No se miente. Sin embargo, creo que el argumento es mucho más extenso que eso. Y la protagonista es tan imprescindible como sustituible. Es una historia narrada en primera persona, sin embargo, esa voz que pertenece a una mujer, a la hija de ese diálogo, desaparece por completo y, si no se piensa mucho, hasta se puede olvidar por qué se está hablando de lo que se está hablando: por qué Purillo, por qué el viejo Balotta, por qué Magna María, por qué Barba Tomaso, por qué Mario, por qué Gemmina, por qué Raffaella, por qué, finalmente, Tomasino. Se olvida la voz porque deja de ser importante, se crea una lejanía que ya ese diálogo que al principio parece tan central y tan origen y tan centro, se convierte en la excusa, en el telón de fondo. Y desaparece. Entonces la protagonista te deja en las manos a un montón de personajes sencillos e inocentes, te deja en las manos vidas inacabadas que se cruzan y se alejan y se vuelven a encontrar, una familia extensa y variada, llena de quieros y vacía de saber cómo: cómodos, confusos, trascendentes pero vitalistas, sutiles, únicos pero universales. La razón por la que te ves rodeada de todos ellos apenas se encuentra al final: porque la novela, Las palabras de la noche, no va de su protagonista y sin embargo es el centro, la novela no va de ese diálogo, no va de esa madre y esa hija, no va. Parece que toda la novela es un preámbulo extenso de lo que ella en realidad quiere contar y no le basta con empezar por lo que importa, por lo que a ella de verdad le subyuga: empieza desde el principio, tan remoto y pequeño ya, y empieza, como dice A., a ovillarse, a tirar de la palabra hacia adentro, se pierde en ellas, en las de la noche, y tira y tira y tira hasta que encuentra su historia, su verdadero hilo. Pero para entonces el lector ya no puede apartarse de todos esos personajes. ¿Por qué? Se encuentra en la antesala de la novela, en su trastienda. Natalia Ginzburg deja una nota al principio del libro que dice: “En este relato los lugares y los personajes son imaginarios. Los unos no se encuentran en los mapas y los otros no viven ni han vivido nunca en ninguna parte del mundo. Y ya lo siento, porque he llegado a amarles como si fuesen reales.” Igual lo siento, igual los he amado.

8 pensamientos en “Las palabras de la noche, Natalia Ginzburg

  1. Cierto, a los personajes se les llega a amar, tanto si los has creado tú como si quien los creó fue otro. Yo todavía tengo apego por Bergai ;-) y tú seguro que recuerdas a Gerard :-)

  2. ¿Sabes? Varias personas en cuyo criterio confío (tú, claro, una de ellas) me han hablado elogiosamente de N. Ginzburg. Otra lectura que me espera. ¡Qué bien!
    Y seguimos salvando nuestro corazón.
    Un gran abrazo, Fusa.

  3. Malvada Bruja del Norte: sí, yo he amado personajes propios y personajes de otros. Por supuesto, todos los de Bergai, los llevo muy, muy adentro, sobre todo Raquel. Y estos de Natalia Ginzburg son realmente adorables y yo me los quiero dejar. De hecho, se me ha ocurrido una idea gracias a esta novela… hasta qué punto se me han metido adentro.
    (¡No me olvido de Gerard, no!)
    Un besote.

    Bel M.: pues no sé yo si en mi criterio se puede confiar del todo… pero en este caso creo que hablo con cierta objetividad. Descubrí a Natalia Ginzburg con el libro El cuento de nunca acabar de, tatatachán, Martín Gaite. Me leí Querido Miguel y ahora éste. Además Margot tuvo ahí también su empujoncito. Y ambos me han gustado mucho. Es una literatura sencilla y sin alardes, pero precisa y directa. Y sus personajes son muy fusos, creo. Y los dos libros se leen en un tres i no res, así que te animo a que cojas alguno. Éste se encuentra menos, pero me ha gustado más que Querido Miguel. Margot recomiendó mucho Léxico familiar.
    Una abraçada, B.

  4. Me captó de inmediato el diálogo entre la madre y la hija, la madre que habla y habla, con que empieza el libro, y me captó igual algunos años después cuando leí el libro otra vez. Además de Léxico familiar recomiendo È stato cosí (100 páginas), La strada che va in città (80 páginas), Mio marito (20 páginas), Sagittario (100 páginas) y Valentino (50 páginas).
    Un beso

  5. Veo que todos por aquí han leído este libro!
    Pero yo por supuesto no. Pero hay algo que me parece increíble y es la manera en que relatas lo que lees.
    Es que dan ganas de salir corriendo a buscar el libro!!
    Besitos linda y gracias por tu respuesta en el post anterior!!

  6. Desde hace ya un tiempo que Natalia Ginzburg se me aparece en muchos sitios: en blogs, en revistas, en el periódico. Y todas las veces va y me atrae. Y me apunto su nombre en un papelito, el primero que tengo a mano, y luego también en mi cuadernito de libros pendientes. Y me he dicho: (*, de esta no pasa. Porque a veces una se lía y quiere leer tanto que de uno pasa a otro y luego se cruzan muchos otros libros de por medio, y creo que ya está bien, que ya lo he retrasado demasiado, que de esta no pasa, he dicho. Voy a leer a Natalia Ginzburg.

    Me encantan tus reseñas, Fusa.

    Un dulce beso.

  7. Giovanni: lo que ocurre es que todavía no sé italiano y no hay tantos libros de ella traducidos al español como me gustaría. Sólo he visto Léxico familiar, Querido Miguel, Las palabras de la noche y ¿Familias?, también Ensayos. Yo la conocí por otro libro de una escritora española, aquí pasa bastante desapercibida. Y es una lástima.
    A mí también me gusta mucho la madre, como personaje, como persona me resultaba cargante, y la paciencia de la hija ejemplar, literaria sobre todo.
    Un abrazo.

    Rayuela: muchas gracias, linda. Uno de los miedos que tengo al escribir reseñas es que la gente se haya leído el libro y no le parezcan fieles mis palabras.
    Un abarazo.

    Miriam: pues de eso se trata, ¿no? Aunque lo hago por gusto, por placer. Pero si además consigo el propósito que hay de fondo, mucho mejor. Es muy enriquecedor eso que me dices, saber que consigo despertar curiosidad con las recomendaciones. Creo que Las palabras de la noche te gustaría, estoy casi segura. Y a Marcelo también.
    Muchas gracias a ti. Y de nada por la respuesta, no dije ninguna mentira.
    Un abrazo.

    (*: pues te lo recomiendo muy mucho. Creo que es un libro que puede llegar a mucha gente, pero que a ti te gustaría al mismo nivel que a mí. Lo creo de verdad. Así que haz caso ya a todas esas señales. Yo a la primera obedecí, que me la prestó Martín Gaite.
    Un beso.

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