LX

Madre llorando por su hijo muerto en Las Minas de Coltan, Raúl Cañestro

Para E., por A.

¿Puedes imaginártelo?
Que ya sólo me baste su cuerpo.
Que antes necesitara
saber dónde estaba
o con quién
si en el colegio
se había divertido
qué había aprendido
y si reconoce bien los colores
y si será listo cuando sea
mayor.
Y nunca imaginé
que para siempre
fuera a quedarse chico.
Tan chico.
Antes, tan egoísta, madre,
que necesitaba todo de él
y ahora podría conformarme
sólo con su cuerpo.
Consentida.
Sin vida, qué importa.
Pero su cuerpo.
Cogerlo y levantarlo
y moverlo yo misma
si es preciso.
Y es preciso.
Puede parecerte, madre,
que es una imagen
dolorosa y esperpéntica,
pero sólo de pensar
que vuelvo a tener entre
mis brazos
a mi hijo muerto,
dejan de apretar
las hilos que tengo aquí.
Aquí. Aquí.
Y puede parecerte,
madre, que estoy
rozando lo inrozable,
que debería alejarme
de esos pensamientos,
que nadie me devolverá
la cordura si no la trabajo
todas las noches venideras.
Que su cuerpo no existe
(su cuerpo no existe, madre)
mas que en las imágenes
y en nuestros corazones
y recuerdos.
Y sin embargo, madre,
hoy me conformaría
sólo con su cuerpo
ya sin vida,
como de madera.
Y yo, como titiritera,
(madre, madre, madre)
de la muerte.
También sin vida.
O con tan poca.

12 thoughts on “LX

  1. Aquí. Aquí donde se me acaban las palabras y empiezan mis ojos, Fusa, tras leerte, me duele y a la vez me alivia un poco. No te sabría decir. Es como un (des)consuelo.

    Te aplaudo. Te doy las gracias por escribir esto para E. y por A., y por dejarlo aquí y compartirlo con nosotros. Esto es un fragmento de interior tan grande…

    Un dulce beso, linda.

  2. (*: Sí, es que el dolor duele y a la vez alivia. Nos hace sentir vivos, demasiado vivos. Y encontrar palabras de luz u oscuridad duele y alivia, todo a la vez. Y eso confunde.
    Otro beso.

  3. Un beso, Fusa. Nada nos devuelve ya la cordura, e incluso parece que de madera somos nosotros, que son otros quienes nos mueven… porque, la vida no se detiene.

  4. La vida no se detiene y a veces se lo reprochamos y a veces se lo agradecemos. Y duele cuando se nos va. Y duele también mientras se vive. Y qué vamos a hacerle…
    Un beso, Wara.
    Buenas noches.

  5. Nunca nos vamos del todo pero a veces el cuerpo, la presencia, es necesaria.
    Y es insuficiente a la vez, pero necesaria.

  6. Tarde, tarde, tarde o tal vez temprano. Aun te quedan ojos y aun te quedan ganas y aun te quedan gentes a quien contar, con quien contar, historias. Y escucharlas.

    El Gigante de Leonid Andreiev (un relato corto)

  7. Plethoras: todavía me quedan cuentos y todavía personas a las que contar. El día que me falte lo segundo, me lo inventaré. El día que me falte lo primero, no tengo ni idea.
    Un abrazo.

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