Del olvido, del vuelo, del cielo

Niños con cometas, Pancho Gutiérrez Cossío

Para L.,
por su cometa

y su vuelo

De todas formas, no creas que se me olvida tan fácilmente: el volar. Alguna vez ocurre con el cuándo, pero nunca con el cómo. Y cuando recibo un cuaderno en blanco, pensado para mí, mandado para mí, vacío y para mí, no se me ocurre otra cosa que, ya ves, ponerme a volar. Ponerme ridícula y estúpidamente a volar porque no se me ocurre otra cosa. Amarrar todo lo que no puede conservarse más que fugazmente y subir y subir y subir y olvidarme del peso que nos encierra y de la gravedad que nos arrincona en un trozo tan pequeño de todo lo nuestro. Mi único olvido, por si te interesa, es el cordón, el hilo, el camino de vuelta. La bajada, el quitar bolsitas y caer y tocar con los pies y abrir los ojos y reconocer el dolor y la realidad que, la mayoría del tiempo, van de la mano. El olvido es ése: descender a tiempo. Me acuerdo de hace dos veranos cuando hablábamos de esto, del vuelo, sin mencionar las cometas aunque siempre estuvieran presentes, y tú me mirabas entre horrorizada y admirada y pensabas, quizá, que tenías que aprender del olvido y del cielo, que aprender de mi inconsciencia. Y tú sabías que dentro de ti había algo que te estaba llamando y acallabas su grito y, sin embargo, te sentías atraída por el mío sin saber que el canto era tan parecido, tan comparable. Y yo, terca y con disimulo, hablándote sólo de los inconvenientes y, al mismo tiempo, animándote, incitándote al despegue. Porque tus ojos eran lo que pedían, tú misma me lo pedías, mándame arriba, de donde vienes, mándame y suelta luego la cuerda que no quiero volver aquí, pero átame, por si me escapo, por si el miedo, por si el vértigo. Y te envidié por ser siempre tan consciente de los límites que tienen las cometas. Pero, de todas formas, no se me olvida tan fácilmente: el volar. Con todo lo suyo. Si me mandas un cuaderno lleno de vacío, yo no hago otra cosa que volar y guardar palabras de la vida para cuando lo abra, para cuando te piense, mejor, para cuando te recuerde, que no son pocas las veces. Y, mientras separo del papel sus hilos, los de la cometa, te invento y digo en bajito: te has salido con la tuya, ya estoy arriba, ya te estoy esperando.

17 pensamientos en “Del olvido, del vuelo, del cielo

  1. Qué sugerente, una cometa entre hojas en blanco, es un regalo muy especial para volar, las palabras como la cuerda y los colores de la cometa…, las manos: tu voz,
    todo está dispuesto para que empieces.
    Un beso.

  2. Por eso cuando he llegado a tu blog, que ha sido después del regalo y después de escribir este texto, me he sentido tan a salvo. Y he tenido más claro todavía que todo estaba dispuesto para empezar. Y empezando estoy. Es un regalo muy especial, sí, y la persona que lo envía también. Y, entre otras cosas, por eso esta noche es una noche diferente y emotiva.
    Un abrazo.
    (He moderado el comentario para que no saliera como anónimo y se supiera que eres tú.)

  3. L. puede estar contenta. Porque vuelas de maravilla, y porque en la maravilla la esperas.

    Tiene suerte.

    Besines :)

  4. Muchas gracias, Vero. No sé si en la maravilla o no pero, desde luego, arriba, sobre una cometa, volando, os espero a todos. Y, en especial, a L., claro.
    Muchos besos.

  5. Has cambiado, dices en las Amapolas, la máscara al Show. Y, además, ya no se llama show. Y aquí hablas de cometas, de vuelos con/sin límites, de cuadernos en blanco… algo ha ocurrido, no sé qué, pero yo no añadiría la palabra máscara, solamente “ha cambiado”.
    Una mutación, un saber más sobre vuelos y límites, un paso más, sobre bailes y olvidos, pero siempre con la palabra, con la escritura. Tienes eso siempre contigo y eso, ocurra lo que ocurra, es mucho, muchísimo.
    Un abrazo, querida Fusa.

  6. Me acuerdo de que, hace ya un año, en nuestros inicios, me dijiste que te gustaba la ventana, que te gustaba el nombre, todos los cambios (porque te conocí en otro blog). Y después también me lo dijo Alfaro. Y después todos los que amablemente vinieron. Y eso me hacía no querer cambiar, quedarme con esa imagen que ya para todos resultaba familiar. Ahora entro aquí y parece que entre a otros sitios. Sin embargo, miro el cuadro con detenimiento, leo Fragmentos de interior y me digo que todo eso, la imagen y el título, son un buen resumen y creo que hacen justicia a lo que, por lo menos todo este tiempo, vengo escribiendo. El show me gustaba. Las rejas, la puerta, la maceta, también. Pero pertenecen a otro tiempo. No es que haya tantos cambios, pero sí de esos de por dentro, casi que no se pueden adivinar, pero que están. Como el descubrimiento de tu imagen y tu nombre, que no cambia las cosas pero al mismo tiempo lo cambia todo. Me siento más identificada con este título y esta imagen. Pero esto nunca dejará de ser el show de Fusa, ¿no crees? Es sólo un paso más… y de la mano de la escritura.
    Un abrazo muy fuerte. Pero que mucho. Y bienvenida también a este nuevo tiempo.

  7. ¿Sabes? Una vez me contaron que las cometas son un símbolo, una metáfora, un algo muy especial, porque están en el tierra y en el cielo, y las une un hilo (cordón umbilical), y las mece el viento que es el aliento de la vida. Y que cuando la echas a volar, debes pedir 3 deseos, y entonces desde el cielo te los dan…Y probé, hice una cometa y con una amiga la eché a volar en el mar, (tierra, cielo y mar), cordón umbilical, viento y risas tontas, porque la cometa no quería volar. Invierno. Frío y gritos de gaviota. Un pescador nos miró durante un rato y luego nos dijo: “Niñas, tenéis el viento en contra”. Más risas…Nos giramos e hicimos volar la cometa. Nos concentramos. Nos pusimos todo lo serias que pudimos, pero aquel día algo especial ocurrió.

    Tiempo después yo conseguía un deseo de los tres pedidos, y mi amiga otro. ¿Casualidad? No. Las casualidades no existen.

    Besos.

  8. Yo siempre he sido más de globos. Nunca he hecho volar una cometa, nunca he tenido una cerca. He sido más de globos: de los que ataba a la pata de la cama para que no se fuera, de los que se me escapaban, de los que mis abuelos me ataban a la muñeca y yo siempre quería que apretara más, un poco más.
    Muchos besos, linda. Y un millón de gracias por haberte puesto al día con Belfondo y los tuencos y todos estos fragmentos de interior nuevos. Menudo trabajo te he dado esta semana…

  9. Alguien sobrevoló mi cuaderno…tal vez fueras vos.Supongo que sí, porque reconocí tu voz, aunque nunca la haya escuchado. Y te reconocí porque en el sobrevuelo cayeron hermosas palabras de la vida. Yo vuelo también, y recién por estos años estoy aprendiendo a apoyar los pies en la tierra;es todo un trabajo…
    Y te mando muchos besos, sobrevolando tu cuaderno con mi magnolia,para no olvidarnos del cielo.

  10. ¿Y qué me dices de las voces que se reconocen desde la lejanía y desde el anonimato? Es como para volar, el asunto. Y será por eso que los cuadernos se cruzan y se sobrevuelan. No cabe otra explicación.
    Apoyar los pies en la tierra… tan sencillo a priori, ¿verdad? Y la tierra que dice: si vienes de aquí, por qué te duele volver. Pero una, arriba, se olvida de todo.
    Un abrazo, Silvia.

  11. …me fascina el título de la entrada (el del blog, ahora, me gusta también, aunque lo asocie a cosas tristes…). he volado alguna vez en cometa, casi siempre con mucho viento, y me gustan :) aunque los brazos se cansen al querer alcanzar el cielo, y los ojos se difuminen entre el azul del cielo, sí, me gusta, sobre todo porque voy con mi hermano pequeño, y compartimos el vuelo, el mismo cielo, y un recuerdo para no olvidar :) un beso muy fuerte Fusa, y mucha felicidad celeste (y en volandas) para la nueva semana :)

  12. Siempre hay eso: el hilo, el viento, si está a favor o no, el que se cansen los brazos. Y todo está lleno de metáfora. Cuando uno vuela, una cometa o su propio cuerpo, suceden todas esas cosas por igual.
    Como le decía a la Brujaroja, ahora ya sí queda pendiente hacer volar una cometa y poder hablar de ello con conocimiento de causa.
    Un abrazo, Bego. Pasa una buena semana.

  13. Precioso tu vuelo, Fusa, me encanta porque yo siempre me recuerdo volando, viajando, e iba a decir que limitada a la imaginación, pero no es así, la imaginación jamás limita, sino que libera.

    Y es verdad, que se me pasó comentarte antes los cambios de cabecera y título. Creo que alguna vez ya te dije que los cambios son una transformación, una evolución. Me gusta.

    Te dejo un abrazo fuerte y mis mejores deseos para esta semana que comienza. Después ya pediremos más.

  14. A mí por lo menos la imaginación es la que más me hace volar. Que yo me pueda provocar, sí, la imaginación. Aunque a veces sea traicionera, aunque a veces suponga desajustarse.
    (Yo estoy muy contenta con esta transformación, la verdad… espero que os guste también a vosotros que, al fin y al cabo, no estoy aquí sola.)
    Un abrazo y feliz semana. Podemos ya dar el lunes por acabado.

  15. En mi lista de cosas pendientes (es interminable) está la asignatura nunca aprobada de hacer volar una cometa. No voy a entrar en detalles. .. Pero añadiré que abrir cuadernos en blanco es un modo de echarse a volar, por supuesto.
    Y que una vez que has aprendido a volar, o mejor, que has experimentado el placer del vuelo, ya casi nada consigue atarte a la tierra, y si lo hace, si algo o alguien te ata los pies a la tierra, no puede evitar que tu cabeza y tus ojos habiten un cielo tan deseado como imprevisto.

  16. Y qué faena esa, ¿eh? Desaprender la vuelta al suelo, olvidar cómo se estaba sin volar. Que nada pueda atarte a la tierra ya para nunca más.
    Yo la verdad es que nunca me había planteado lo de volar una cometa, jamás le he prestado más atención que la propia simbólica. Después de estas ganas, la cosa cambia.

  17. La renovación, preciosa.
    El vuelo, ¿qué voy a contarte? yo he volado. Soñé desde pequeña que lo haría y de mayor me tiré en parapente: son mucho más hermosos los vuelos interiores…te lo aseguro.

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