La trampa del ratón

Reloj blando herido, Salvador Dalí
Fíjate, G., que esta noche me he visto intentando jugar al escondite con el tiempo. ¿Tú te lo imaginas? Lo absurdo que ha llegado a resultar. Lo pequeña que se siente una esquivando su paso, su lentitud, su vértigo. Y, si me vieras, ahí estaba, armada de valor, pensando que podría ganarle una batalla. ¿Y para qué? Para sentirme alguien. Para vivir sabiendo que soy, que me debo, que los círculos se cierran y no queda lugar para la trampa del ratón. Y una se cree que puede ganarle la partida. Que puede sacar su as de la manga y su sonrisa pícara y decir: te lo dije. Pero después no se sabe qué decir. Ni se sabe dónde queda la manga. Y se encuentra una como una niña pequeña que se tapa los ojos y cree que nadie la ve. O directamente no se encuentra nada, ni a nadie. Me preguntaba si alguna vez había sido tan ingenua como para creerlo, el que nadie me veía, y al momento dudé de si todavía seguía siéndolo. Y ahí la pelea sigue, G., ¿puedes imaginártelo? Una se sube al tren y se guiña un ojo diciendo que eso nadie se lo esperaba. La cobardía de huir de nuevo, de no enfrentarse a nada, el volver, volver, sin haberse ido, y después el tiempo sigue ahí, acechando, y se creían, me lo creía yo, que podría, que esta vez sí, pero nunca hay esa vez. Y, en el fondo, ya ves, todos se lo esperaban. No existía la sorpresa. Pero una se monta en el tren y cree que se está escapando de algo, del tiempo, quizá, que pensaba que me iba a tener acorralada contra mí algunas horas y le he robado minutos a la soledad y ahora, ahora todo es lo mismo, sólo que he cogido el camino más largo, sólo que no he encontrado ninguna respuesta. Todo, mi querida G., por parecerme alguien un sábado por la noche, o este sábado. Y he cerrado los ojos pensando que nadie me vería. Pero ni siquiera he conseguido reconocerme yo.

26 pensamientos en “La trampa del ratón

  1. Decides que no vas a ser más una víctima de tí misma, que no vas a ser ficha esperando a que alguien la empuje. Decides ser honesta contigo misma y entonces:

    No queda lugar para la trampa del ratón…

  2. Pero a veces la trampa está en eso mismo: en ser honesta con una misma. A veces ahí está el abismo, mirarse al espejo, decirse lo indecible para evitarla, la trampa… y ahí es justo donde estaba.

  3. Me pasa como a (*. He leído varias veces el texto y no sé bien que decir. No porque no me guste, que me gusta, y mucho, me parece magnífico, sino porque veo que aquí se juegan muchas más cosas que la cuestión literaria.
    Sea cual sea la trampa, tanto G. como Fusa, ya lo dije una vez, son muy alguien y las dos saldrán, seguro.
    Mil abrazos a las dos.

  4. En realidad no es más personal que el cuento a mi madre o que los poemas, que no sé qué pasa con ellos que una no sabe esconderse entre versos, o alguna cosa que escribo fuera de las etiquetas. Pero sí es cierto que el tema es más… inalcanzable. Y que eso le da una dimensión diferente al resto de textos. Y, sin embargo, necesité subirlo al blog, como un más, como si nada.
    Moltes gràcies, sempre.
    Un abrazo.

  5. No sólo puedo imaginarlo, F., sino que además te reconozco en ese vagar luchando contra el tiempo. ¿Sabes qué hacía yo anoche, ese sábado por la noche? Sí que lo sabes, preciosa: te seguía, te observaba y me sorprendía. Esa niña pequeña que dices ser es inmensa, es honesta, es valiente y tiene el mismo miedo que tenemos todos cuando nos acorrala la lentitud. Mientras leía tu trampa del ratón no he podido evitar recordarte volando a orillas del Mediterráneo, la luz que desprendes a tu alrededor, esos cuentos que fluyen en tus ojos con sólo decir una palabra, todo eso que nos regalas a mí y a otros muchos afortunados que contamos con la suerte de conocerte y leerte, F.

    Anoche vine aquí y leí: “Fíjate, G.”, y antes de eso ya tenía ganas de abrazarte, pero después quise estar en ese tren para verte guiñar un ojo, sonreír complaciente ante la sorpresa (no, F., eso seguro que no se lo esperaba nadie) y decirte que claro que existe esa vez en la que puedes, siempre puedes, pero no lo ves porque nadie te lo dice. A eso he venido F., a decirte las veces que sean necesarias no sólo que puedes sino que además lo haces, a descubrirte que claro que te pareces a alguien, te pareces a la mejor persona a la que te podrías parecer porque, mi preciosa F., ese alguien eres tú, siempre lo eres, ¿de verdad no te reconoces? ¿Quién sino tú tendría el valor de mirar al tiempo a la cara y gritarle “quieres guerra, pues la vas a tener, juguemos”? ¿Quién sino tú podría mirarse tan dentro como para rozar el abismo al que nadie quiere asomarse? Eres tú, mírate porque si lo haces como yo te encantará lo que veas.

    Preciosa, de verdad, lo estás haciendo muy bien. A veces es necesario un rodeo para tomar aire, aunque sea para llegar al mismo punto, los rodeos no siempre son malos, robarle minutos a la soledad no es cualquier cosa.

    Venía dispuesta a hacer un comentario diferente, a decirte todo esto sin decírtelo directamente, pero ¿por qué? Me apetecía responderte y aquí me tienes, sin versos, sin cuentos, sólo G. para F.

    Te abrazo, preciosa, aunque sólo sea con palabras,

    G.

    P.D. Esas respuestas que dices no haber encontrado están en tus bolsillos.

  6. Muchas gracias, Gloria. Porque me hablas de mí y no me reconozco, pero me siento bien viéndome con tus ojos. A veces quisiera eso, saber mirarme como me miras tú o como me mira otra gente. Y mirar ese abismo y tirar una piedra y escuchar rápidamente que suena clinc, clinc, clinc, porque no es tan hondo, aunque haya noches que me parece que la piedra no suena, pero sí suena, y si no la oigo, tú tiras una inmediatamente y me haces creer que ha llegado antes de tiempo, y dices tú sin mover los labios: clinc, clinc, ¿lo ves?, ya ha llegado. Y sólo puedo hacer que agradecértelo.

  7. Bel, acabo de ver tu comentario… qué decirte salvo gracias.

    Todas vosotras sois imprescindibles, ¿sabes? Y a veces me parece que no lo digo lo suficiente.

    GRACIAS.

    Mil besos.

  8. Yo sí estoy servida. A mí sí me lo dices suficiente. Pero entiendo esa sensación… cuando Bel llega aquí y dice esas cosas que dice, una de pronto se siente en deuda. ¿Pero de qué? Y no se sabe. Y se atina a decir gracias, porque algo tendremos que decir.

  9. A veces es necesario cerrar los ojos y fingir que no nos ve nadie, que ni siquiera nos vemos a nosotros mismos, como si no existiéramos. Pero, ¿sabes? Pienso que si al abrir los ojos no nos reconocemos puede ser tan sólo porque estamos en pleno proceso de transformación, de cambio, creciendo. Y éso sólo puede ser bueno.

    Un fuerte abrazo.

  10. Sí. En realidad sí. Hoy, días después de haber escrito la trampa del ratón, estoy de acuerdo contigo. Evolucionar, cambiar, transformarse, crecer… sólo puede ser bueno. Pero cuando uno está en medio de todo ese proceso, como metido en otro cuerpo y en otra vida, sólo puede sentir desasosiego.
    Un abrazo, Wara.

  11. EL DESVÁN

    Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
    Ven, amiga, y recuerda
    que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
    y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
    Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.

    La aurora entra con sus pies diminutos
    como una dorada Pavlova,
    y yo estoy cerca de mi deseo.
    Nada hay en la vida que sea mejor
    que esta hora de limpia frescura,
    la hora de despertarnos juntos.

    Ezra Pound

  12. Qué poema tan hermoso, Pedro. Me acordaba el otro día, mientras leía el poema por segunda vez, de uno de Iribarren que, juraría y no creo que me equivoque, además leí gracias a ti. No es que tengan nada que ver un poema con el otro, pero sí despiertan en mí cosas parecidas. Ese dulce acomodamiento, ese acostumbrarse con suavidad y tranquilidad. El decir siempre nos quedará París. O apiadarse de los que tienen más suerte que nosotros. Que siempre nos quede la hora de limpia frescura. Toda esa resignación consentida me gusta de los dos poemas. Además de arrancarme una sonrisa. Por si ese poema no lo conocías y me equivocaba, te lo copio. Y regalo.

    Acababan de darnos el palo
    en la estación. Tu cara era
    un poema. Tenía que levantarte
    el ánimo como fuera. Tenía
    que arriesgarme, y me arriesgué.
    «Bueno, corazón —te dije,
    mirándote a los ojos—, aquí
    estamos, entre la torre Eiffel
    y el metro, con lo puesto y un
    paquete de Camel; pero eso sí:
    siempre nos quedará París».
    Y, contra todo pronóstico,
    funcionó. No sé cómo, empezaste
    a reírte. Y yo me reí también.
    Y así, tontos perdidos —y nunca
    mejor dicho—, nos lanzamos
    a la caza de un gendarme.

  13. Nadie sabe qué es el tiempo exactamente, esto de la luna, el sol, tú, yo, la soledad, todo enmarañado sobre algo que llaman espacio y qué será el ello? algo importante falta por descubrir… , a veces andamos a ciegas… pero es el camino.
    Un abrazo.

  14. El camino se hace al andar, ¿no? Y se reconoce mejos a ciegas, a tiendas. Sólo que a veces una se queja, no sé si alto o bajito, pero se queja, y gruñe al tiempo y a todo eso enmarañado que es el espacio. Y después, vuelve, y se acomoda, y deja que todo pase.
    Un abrazo.

  15. Justo hoy hablaba con una amiga; decíamos que una vez que entendemos y aceptamos que el tiempo no se puede manejar según nuestro antojo (el tiempo ajeno y universal), ahí nos relajamos y confiamos. Porque entendemos que el hecho de que algo no suceda ahora o no haya sucedido nunca, no significa que nunca vaya a suceder.
    Y nos llenamos de una esperanza muy difícil de romper.

    Un abrazo grande, Fusa. Y otro para Gloria.

  16. Pero, como dice Margot, cualquier estrategia es buena. Sabemos que no podemos manejarlo, que el tiempo es el que es, aunque a veces sea precisamente no-es y, aún así, todavía, seguimos insistiendo. Porque no nos conformamos. O porque no queremos hacerlo.
    Un abrazo, querida.

  17. Jugamos al escondite con casi todo, deberias decírselo a G., el tiempo no podía ser distinto, con ese peso que a veces parece dejar caer sobre nosotros (ya veras, ya cuando además del peso sea la gravedad y sean las chichas las que también se caen, jeje.) (Inciso de humor, ya me conoces… jajajaja).

    Pero en todo esto no debemos olvidar que tambien nos gusta jugar al escondite con nosotros mismos y hacer como si no nos reconociéramos. Y también, por qué no? la escapada hacie delante intentando volver hacia atrás, en realidad…

    No hay manera, pero sea como sea, díselo a G., cualquier estrategia es válida siempre y cuando al final saques la cabecita y no te engañes. Sólo un juego y ninguna respuesta, no definidas al menos.

    Besos de ida y vuelta, revisor!

  18. Ay, pero qué complicado jugar y no poner las reglas y no decir: ah, no, eso no era así, yo cuando era pequeña jugaba a que era de esta manera, ah, ahora eso ha cambiado, esto ya no se acentúa, las bicicletas ya no se pueden aparcar aquí, las cossa han cambiado. Y que todo gire y gire y el juego se nos convierte en… en yo qué sé. Pero eso sí me gustaría decírselo a H., que cualquier estrategia es válida. Pero yo diría que ya lo sabe.
    Un beso enorme, puñetera.

  19. Sí, ilusos de nosotros, lo seguimos pensando.
    Pero a mí tampoco me disgusta, prefiero seguir creyendo que puedo con él.

  20. Poco puedo decirte después de lo que te escribió G. Sólo un cuento, tal vez, porque yo nunca miré contigo al tiempo.

    Un espejo muy grande, una ventana. Y tras ella la vida se superpone en un trasiego de imágenes. A veces tristes, a veces alegres.
    El espejo es como el cepo de los ratones: un día nos traiciona. Entonces, cayó sobre ella y la inmovilízó allí donde estaba mirando la vida pasar. ¿No volveré a ver la vida pasar?, se preguntó ella. Mas nadie había allí para responderle.

    Entonces, pasados unos segundos después del primer susto, se recuperó lentamente. Extendió su brazo y el espejo había desaparecido, pero sí había una vida allí atrás que se superponía a otra pasada. Y por primera vez vio su reflejo junto al trasiego de luces: preguntas. Aunque no obtuvo respuestas.

    No sé. Espero que te haya gustado. Me pareces una persona excepcional.
    Un abrazo.
    Chuff!!

  21. Hace más o menos un año yo presumía de que no buscaba respuesta, de que me conformaba con sentirme viva, llena de dudas, de preguntas de ésas que uno no sabe por dónde cogerlas y acaba por cogerlas y darles vueltas. Y ahora pongo al tiempo contra la pared y, a través de G., le digo tantas cosas.
    Muchas gracias por el cuento, Zen, y por tus palabras.
    Un abrazo.

  22. Es impresionante… me reconozco ignoarante en literatura, y por que no decirlo, tambien en muchas cosas mas, ademas leo poco o casi nada a estas alturas… pero Expresar pensamientos, sensaciones, sentimientos es un raro privilegio que algun@s pocos pueden plasmar correctamente… cuando digo correctamente quiero decir que te llegue…
    como digo soy un ignorante, pero quisiera cuestionar el cuento, por que, de ser asi… que sentido tiene? para que moverte? el tiempo pasa igual, por que creer que nos adelantamos? y por que no podemos adelantarnos? … todo es posible (dicen) de que depende que lo adelantes en lo que deseas?
    un partido de futbol, un concierto, una reunion… son situaciones imposibles de adelantar a la hora o momento fijados… de que se trata lo tuyo?
    no se… repito que soy un ignorante, pero me llego el texto… me llego… quizas por que yo tambien vivo intentando engañar al tiempo… y tambien termino siempre cerrando los ojos… casi siempre con lagrimas… pero quizas siga sin decir por que o por quien lo hago… mejor dicho, lo intento.

  23. Yo en este cuento no hablo del tiempo por el que entendemos tiempo: el reloj, las horas, los minutos, el tic y el tac. Hablo más de un tiempo interior. Hablo de intentar engañarlo… luchar contra él. Evidentemente no se pueden adelantar hechos ni cambiar el reloj de uno sin que eso altere a su vida. Pero una noche de sábado, por ejemplo, como la que relato, una noche de sábado puede estar llena de escondites para el tiempo… o para huir de él. Puedes pasar el tiempo contándolo, o puedes pasarlo sin hacerle caso, o puedes engañarte pensando que no lo cuentas y en realidad sí lo estás haciendo. No sé muy bien cómo explicarte de qué va el cuento, porque lo escribí sin pensar demasiado, y tampoco sé cómo explicarte, sin caer en tópicos ni en laberintos, cómo es eso de engañar al tiempo, tenderle una trampa de ratón… pero ese sábado sentí que así estaba sucediendo, que me montaba en el tren, pudiendo optar por otras alternativas, y lo engañaba, intenté despistarle cambiando mi camino, y me sentí estúpida, porque quizá ese camino mío del que huía era precisamente la huida que estaba tramando. Pero es demasiado tonto y confuso como para contarlo. De todas formas, te agradezco la visita y el comentario.
    Un saludo.

  24. He leido la primera frase y he parado de leer. Me he parado en seco, porque tiempo era lo que me faltaba para venir por aqui, tiempo lo que necesito y tiempo lo que me sobra. Y te dije todo esto por email, y no se, de buenas a primeras me he dado cuenta de que tu tambien hablabas del tiempo y no me veo capaz de leerlo. Porque quizas todo este estres era una trampa de raton en la que yo me encontraba, de la que estoy saliendo.
    Y creo que leere este texto otro dia cuando el tiempo no duela, ni sobre, ni me falte. Ni sea tan tangible como lo es ahora.

    Hay veces que cuando te leo, me sorprendo a mi misma por verme tan reflejada en tus textos. Y es inevitable volver a pensar en esos hilos Fusa.

    mua

  25. No te quepa la menor duda de que el tiempo, el que falta, el que nos quitan, el que a veces nos quitamos nosotros mismos, ése es, siempre, una trampa de ratón. Y nosotros vemos el queso y nos acercamos. Tic, tac, tic, tac. Y nos acercamos más y más. Y acabamos asomándonos a un precipicio que da, como me dijo G., a nuestro propio abismo.
    (Los hilos no hay que olvidarlos ni dejar de pensar en ellos… hay que, como dice siempre Martín Gaite, tirar de ellos…)
    Un abrazo, mi niña.

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