No te muevas

Muchacha lavándose, Eduard Munch

Para mi madre

y para la niña

que fue mi madre.

Carmen tiene ocho años y está frente al espejo del cuarto de baño, mirándose, sin decir nada, de puntillas para alcanzar a verse toda la cara y parte del cuello y los hombros. Sin que se le mueva un solo músculo de la cara, le rueda una lágrima por la mejilla y ella, con el dedo en la imagen que le devuelve el espejo, la sigue hasta que se cuela en su boca y le deja un gusto salado muy agradable. Después de esa lágrima, vienen más, y su cara empieza a deformarse: primero le salen unas arrugas al lado de los ojos, en poco, se le empiezan a enrojecer los mofletes, la boca se le tuerce un poco y piensa: ésta es la cara que ve mi madre cuando viene a verme los dos domingos al mes al colegio, cuando la monja está a mi lado y me clava las uñas en el hombro para que no me mueva y me vaya corriendo a recibirla, ésta es la cara que ella ve, esta fea cara, de niña triste, de niña sucia, de niña mala. Y en bajito, despegando los labios, dice: no te muevas. Imitando la voz de la monja, que es un poco ronca y parece que siempre está afónica. El último domingo no pudo resistirse. Cuando vio que entraba por el patio y llevaba de la mano a una de sus hermanas, se deshizo de la mirada supervisora de la monja y salió corriendo y se abrazó a su madre que olía mucho a colonia y luego besó a su hermana que olía a lo mismo que ella. Después, cuando se fueron y no antes, se dio cuenta de que tenía un arañazo en el hombro y, al tocárselo y pedirle a Teresita en la cola del cine que le soplara la herida, sintió un escozor muy grande. Al entrar a la sala donde les ponían el NODO, sintió una mano fría en su espalda y una voz que le dijo: Carmen, hoy estás castigada, vas a sentarte al revés de todos, dándole la espalda a la pantalla. Y así hizo, así tuvo que hacer, y, a la salida, Teresita le escenificó todo lo que Carmen sólo había podido escuchar. Pero Carmen sigue delante del espejo y tiene los gemelos cargados de llevar tanto rato de puntillas, están a punto de entrar de nuevo, como todos los domingos, a la sala de cine. Se mira en silencio y de pronto nota que está cerrando el puño y toda la fuerza del mundo se le reúne ahí, en su mano, en sus dedos. Lo levanta y lo clava en el espejo, de un golpe seco. Se dice, pensando en su madre, en que no puede verla tanto como querría, que no puede haber mayor mala suerte que ésa y que romper un espejo no será para tanto y que ya está, ya está, ya está… bien. De todos los trozos que han caído al suelo, Carmen coge uno y lo esconde en el bolsillo del uniforme. Cuando llegan las monjas y ven, momentos antes de entrar a la sala, lo que ha hecho, deciden rápidamente que el castigo será, de nuevo, no ver la pantalla, sentarse de espaldas. Carmen sonríe por dentro, sin que se le note, y se imagina ya mirando el NODO a través del espejito, sin que nadie se dé cuenta. Y se promete que nunca más llorará cuando llegue su madre a verla.

20 thoughts on “No te muevas

  1. Hacía mucho que no venía a tu refugio. Me gusta saber que tus personajes siguen vivos, astutos, tremendos, como esa niña castigada por querer a su madre.
    Un beso

  2. Bueno, anda menos vivo y astuto que nunca, el refugio, pero cuando mi madre me contó cosas de su niñez, no me pude resistir. Esa niña es ella. Y esa madre es mi abuela. Vengo de un cuento y no lo sabía, M.
    Un beso y gracias.

  3. ¿Me pasa como a Marcelo, que como hacía días que no venía todo parece nuevo y todavía mejor, o es que la pequeña Fusa es cada día más grande?
    En cualquier caso, he tenido la impresión, leyendo esta historia, de que estaba ante un/a escritor/a de verdad, no ya una promesa, sino ya hecha y al mismo tiempo en proceso, en un “work in progress” incesante.
    Una abraçada tan gran com tu.

  4. Moltes gràcies. Hay días en que no se piensa eso, en que todo se ve como aguas viejas y sucias, que no avanzan, que la corriente no tira, estancadas, otras veces, otras veces una se cree algo, pequeñito, casi invisible, pero algo, y se dice que sólo hay una cosa que sabe hacer y que va a hacerla siempre… En fin, qué voy a contarte.
    Moltes, moltes, moltes gràcies.
    Una abraçada.

  5. Debería usted colocar algún punto y aparte que otro. Esos mazacotes ahuyentan a los lectores. saludos

  6. No estoy de acuerdo con el comentario de Anónimo. Es el estilo de Fusa y debe conservarlo. A mí me gusta, aunque debo reconocer que, al principio, me chocó. Luego te acostumbras y lo disfrutas.

    Bien, Fusa.

  7. Muchas gracias, Miguel.
    Yo ni me doy cuenta de los puntos ni del estilo. Simplemente lo escribo como me sale de dentro, como me dicta la bomba de relojería que hay dentro, y ya está, lo escribo como me viene, y se debe leer así. Entiendo que se haga largo y pesado, pero así es como quiero que se quede.
    Un beso.

  8. ¿Largo y pesado? En absoluto. Si precisamente la escritura de Fusa deja sin aliento. Como dice una bloguera amiga mía, no hay que hacer caso de los anónimos. Ellos tendrán sus motivos, que tal vez ni ellos conozcan.
    Un altre petó enorme.

  9. Quizá los de Belfondos sí son largos y pesados, quizá para tantas frases son necesarias algunos descansos. Pero me sale así. Y no puedo evitarlo. Y mandé uno de ellos a una revista y me preguntó si podía separarlo por párrafos y dije que sí, porque no lo hago por nada en especial, lo hago porque me sale así. Y aunque así debe quedarse, le pese a quien le pese, no es algo que a mí me moleste en absoluto que me lo digan. De todas formas… a los anónimos no hay que darles mayor protagonismo, porque no lo tienen. Coincido con tu amiga y contigo… tal vez, es muy probable, ni ellos los conozcan.
    Un petonàs.

  10. Tierno, muy, muy, tierno…

    Bueno y yo creo que mejor que nadie puedo opinar, porque como sabes llego con mi escoba y le doy al cursor hacia abajo con alegría y rápidez, para leer todo lo que me he perdido!

    Voy a por más!

  11. A mí, cuando me lo contó mi madre, también me pareció muy tierno. Castigada por mala, una maldad de ésas que todos aceptamos, una vida que me queda ya tan lejos y ella contándola y el espejo como una salvación. Y después que se ríe, por un momento parece que va a llorar… y se ríe.

  12. Me he quedado quieta, muy quieta por fuera, cuando he leído el título. Tiene tanta fuerza que como para no hacerle caso. Y así es como he empezado a leerte, esforzándome para que no se me moviera ni un pelo. Pero siempre he sido algo traviesa, Fusa, y al final, ha sido imposible ser obediente, al final estaba dando brinquitos entre tus palabras, porque es lo que pasa cuando se te lee, que una empieza a saltar, a bailar, a hacer fluish fluish o lo que tú quieras, pero es como si de repente, por dentro, algo se llenara de una vida extraña, pero vida al fin y al cabo, que puede pasar en cualquier parte, hasta en un pequeño pedazo de cristal.
    Este cuento es una preciosidad. Es uno de mis tuencos preferidos.

    Un dulce beso.

    P.D.: Me parece que es tan sencillo fluir entre tus textos que no entiendo eso de ‘mazacotes’. No lo son. Cuando se está dentro de ellos no lo son en absoluto.

    P.D. 2: No me atrevo a escribirte nada en ‘La trampa del ratón’. Por aquí te digo que gracias, gracias por escribírselo a la linda G., y por dejarlo aquí y que podamos leerlo todos, y porque si a mí me ha llegado hasta ese sitio secreto donde, de repente, brota algo que no se sabe pero que se quiere, no quiero ni imaginarme que habrá sentido ella. Gracias, gracias.

  13. Muchas gracias, (*. Vida extraña, me vale, me alimenta, me motiva. Llenar de vida rara, pero vida al fin y al cabo, en vidas que ni yo misma conozco. No sé si tiene que ver, que se uno de tus preferidos, que sea de verdad, que sea mío, de antes de mí, pero ojalá que sí.
    PD: En realidad no importa que no digas nada. Y en realidad dándome las gracias estás diciendo ya mucho, o todo.
    Un beso.

  14. Ay, Fusa, me encanta que digas que vienes de un cuento sin saberlo, jajaja, porque es verdad, todos venimos de alguno que está ahí, que ignoramos, y qué bonito es cuando nos lo cuentan, aunque muchas veces resulte doloroso, como en el caso de esta niña que aguarda a su madre con esa mano en el hombro, reteniéndola, pero qué bueno que no pudieran refrenar su imaginación.

    Y otra cosa, no recuerdo la palabra que usa el anónimo, pero tú a tu aire, es tu estilo, eres tú. Los puntos y aparte, el ritmo, lo impones tú en tus historias, a tus personajes. Nosotros nos acercamos, nos encariñamos… y regresamos.

    Muchísimos besos.

  15. Resulta que mi madre era un hilo de cuentos, como cosidos, o como tendidos al sol. Y yo no lo sabía. Y andaba por ahí inventándome vidas, historias, personajes… y tenía lo más cerca del mundo a una protagonista de ésas que me gustan a mí. Una no se imagina que su madre haya sido niña. Y que haya tenido esa imaginación. Es una estupidez, pero pasa.
    La palabra era mazacotes. En el fondo imagino que sí, que es mi estilo. A mí me gusta, contarlo todo así del tirón. Pero comprendo que no guste, o que cueste. Pero ahí está, os acercáis… y regresáis si queréis. A mí me alegra el corazón que tú seas de las que sí lo hacen.
    Un abrazo.

  16. Por algo me gustan tanto los espejos. No es que mi casa esté llena de espejos; es que quiero que mi literatura esté llena de espejos. Es un elemento maravilloso. Que lo diga Carmen.

    :)

    Te abrazo.

  17. No sabes cómo se ríe Carmen cuando cuenta lo del espejo. Y lo que le gusta que yo le pregunte y piense de ella cosas y después las escriba. Y a mí me encanta imaginarla con el espejo, mirando el NODO que, como dice ella: qué mierda lo que nos ponían.
    Un abrazo.

  18. Mazacotes? que mala es la envidia.
    Lectores que huyen? no se de donde. Porque, si acaso, los lectores te buscan, y se sienten un poco vacios cuando no estas, al menos yo me he sentido asi.

    Y ahora vuelvo, al menos un ratito, a leerte, a ver los paralelismos en esos hilitos que tu sabes que yo siempre digo hay entre las dos.

    Y leyendote, como siempre me vienen las imagenes, las arruguitas en los ojos cuando uno llora, los pucheritos, el labio de abajo tembalndo… Me acuerdo tambien, inevitablemente, de mi madre y de mi padre y de sus cuentos, de los que escribe mi padre, de los que imaginaba mi madre para evadirse cuando pequeña. Y te agradezco el relato Fusa, porque tus textos consiguen que me olvide momentaneamente del estres y me acuerde de cosas bonitas.

    Asi que gracias Fusa, por volver, por todo.

    Mua

  19. Ahora que dices las arruguitas y los pucheritos y el labio temblando. Le escribí este cuento a mi madre una noche que me contó cosas de su infancia, se lo imprimí y se lo di. Cogió las gafas y empezó a leerlo y, antención, dice:

    -!¿Cómo que la boca torcida?!
    -Bueno, mama, me refiero a cuando se llora, que se pone la boca así…

    (Al rato…)

    -Una lágrima dice, que le rueda por la mejilla… una y muchas más… anda que no lloré yo ni nada en el colegio…
    -Bueno, mama, es un decir…-ya pensando que no debería habérselo dado.

    (Al rato…)

    -!¿Cómo que niña mala!? Niña mala, no, ¿eh?
    -Ay, mama…-arrepentida del todo.

    (Para acabar…)

    -Oye, pues eres una buena escritora, te he contado eso y en nada has hecho el cuento, lo has cogido por donde has querido y has hecho esto, no está mal, a ver si vives de esto, hija, a ver si hay suerte.

    ¿Qué te parece? ¿Es para seguir escribiendo cuentos sobre ella o no?

    (Gracias a ti, I.)

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