Te lo digo como lo siento

Cuento publicado en el número de junio de TintaLibre
Lo primero que hay que hacer es callar la boquita, ¿eh, mi amor?, que no está una para armar jaleos entre las vecinas, que menudas son, porque aquí quien más quien menos tiene algo que callar, un secreto, y ahora lo más inteligente es que callemos la boquita, y sobre todo tú, que eres todavía pequeña y no sabes lo que es guardar secreto, que cada cosa que te cuento ahí que vas a contárselo a tus amigas y a tus primas, como si no tuviéramos ya suficiente. Lo mejor es que estemos con la boquita cerrada, ¿eh, mi amor?, porque luego una habla, y te lo digo por experiencia, una habla y se arrepiente de lo que ha hablado, pero luego ya está todo dicho y no te puedes salvar de los consejos de los demás. Te lo cuento para que veas, porque una vez se lo dije a tu tía, que en paz descanse, y como no era mi hermana sino que era hermana de tu padre, me preguntó si me había vuelto loca, si había perdido completamente el juicio contándole lo que le estaba contando, y yo no entendía nada, qué voy a entender. Me decía que cómo se me pasaba por la cabeza contar las cosas de alcoba a la gente, y menos a un familiar, y menos a la hermana del maltratador, y ahí fue la primera vez que oí la palabra, maltratador, que ya hay que tener mal gusto. Le pregunté qué pasaba por contárselo y me dijo que esas cosas no se cuentan, y que si se cuentan hay que hacerlo a la persona adecuada, y la persona adecuada ya lo sabía yo que se refería a la policía, o a una de esas mujeres que ayudan a otras, que hasta te buscan un sitio donde quedarte si no tienes cómo buscarte la vida, pero le dije que ni hablar, que antes me cortaba la lengua, pero vamos, seguro, antes me cortaba la lengua que ir a decírselo a la policía o a las otras.
—¿Y entonces por qué me lo cuentas a mí?
Me suelta. Pues, hija, qué quieres, a alguien se lo voy a tener que contar, ¿no?, eso fue lo que le dije, y me hizo jurarle que si volvía a pasar, no se lo contaría a ella, me buscaría otra confidente, o me iría a denunciarlo. Pero cómo voy a denunciarlo, en casa es lo que se ha vivido de toda la vida, siempre, y mi madre no decía nada, y no es que no dijera nada, es que ni se quejaba porque no quería que nos enteráramos, como si fuéramos tontos, que la veíamos con el ojo hinchado y le preguntábamos y decía que nada, que se había dado un golpe, y si todas las veces que lo decía se hubiera dado un golpe, ten por seguro que sería la persona más torpe que yo conozco, pero era mentira: era mi padre. Tu abuelo.
Por eso te digo que tú, calladita, mi amor, ¿eh?, que cuando tu tía se murió de verdad que me dio muchísima pena, pero por otra parte pensé: mira, mejor, así nadie sabe mi secreto. Porque desde que me dio la charlita de la policía y lo de las otras, no me había atrevido a contarle nada a nadie, a lo mejor es verdad que las cosas de alcoba, en la alcoba se tienen que quedar; y cuando se murió pensé, venga, a descansar. A descansar yo, ¿eh?, que cada vez que venía a casa, estaba temiendo que se lo contara a tu padre, que se cuidara mucho de su mujer, porque iba contando cosas por ahí. Pero tu tía, la pobre, era tan buena, y lo hacía por mi bien. Así que eso es lo que haremos, por nuestro bien, tú no se lo dices a nadie, y mamá va a intentar a partir de ahora que no tengas que pasar por esto, ¿eh, mi amor?, pero sobre todo, tú, discreción, que no hay cosa que valore más en las personas que la discreción, eso lo aprendí de mi madre, aunque de mi madre he aprendido muchas cosas y la mitad, ¡qué digo la mitad!, casi ninguna me ha servido.
De todas formas, ahora no vayas a formar un escándalo cada vez que tu padre te pegue porque hayas hecho alguna fechoría, porque una cosa es que te pegue tu padre, que los padres pegan a las hijas y hasta Dios lo perdona, que es ley de vida, y otra muy distinta es que te pegue tu marido, que no es lo mismo, es un hombre igual, pero no es lo mismo, eso lo entiendes, ¿verdad, mi amor?, yo sé que lo entiendes porque eres listísima, más lista que tu madre, y seguro que cuando seas mayor no vas a ser tan pava como yo, aunque eso nunca se sabe, porque una vez Eulalia, la vecina de aquí, salió a la calle con unas gafas un poco oscuras, y ya me extrañaba, porque ella siempre critica a las que llevan gafas oscuras, porque dice que eso es cosa de ciudad, que aquí hay que llevar la cara al descubierto, y si te molesta el sol, pues te aguantas y cierras un poco los ojos, y si te salen arrugas, pues te salen arrugas; y la vi que llevaba gafas y le pregunté, así de broma, y se quedó muy seria, y es porque tenía el ojo un poco pachucho, y por la noche la escuché llorar, que estas paredes no se callan nada. Te confieso una cosa: que sentí alivio. Porque yo tenía a Eulalia por una mujer moderna y lista, y si le pasa lo mismo que a todas, es que no es cosa de inteligencia, es cosa de suerte. Claro que a mí Eulalia nunca me ha confesado nada, ¿eh?, ni falta que le hace, que una se fija en las cosas y no hace falta que se las cuenten, y de sobra sé que el marido le ha pegado por lo menos una vez, y si tiene la culpa o no, eso ya no lo sé, pero que le ha pegado eso lo sé yo por éstas.
Ahora ayúdame, ¿eh, mi amor?, y prométeme que no se lo vas a decir a nadie, y que vamos a limpiar esta mancha de la alfombrita en silencio, sin llorar más, porque a mamá cuando llora le escuece el ojo, y sólo nos faltaba que empeorara y tuviera que ir al médico, que es lo último que hay que hacer si una quiere mantener el secreto. Señor, cómo se nos complica la vida a unas pocas, por ingenuas, por no darse una cuenta de las cosas a tiempo y salir corriendo, porque es que yo lo veía, yo veía a tu padre que se ponía nervioso y que a veces era tan así, violento o como quieras decirlo, y pensaba, ay, madre mía, pero después me consolaba pensando que los hombres, pues bueno, oye, mira, tienen toda esa fuerza y esa brutalidad, y por alguna parte tienen que sacarla. Mi hermano, en cambio, qué diferente es, y mi cuñada que está encantada de la vida, porque ni se imagina lo que tenemos que vivir las demás, y en silencio, y ella, pues bueno, que también vivirá sus cosas, pero no esta salvajada. Y una cosa te voy a decir: la que menos te pienses, ésa también. Me he fijado yo, que me fijo mucho, y lo veo en las caras de las demás, y cómo hablan de sus maridos, y aquí la que más la que menos, le han dado una vez, una vez como poco. Y ya es triste, que estemos así, que no sepamos poner solución de un día para otro, y con sólo una vida que tenemos y que tengamos que vivirla así, con miedo y sin muchas ganas, que de verdad te digo que el día que me muera, me voy a quedar tranquila.
No llores, ¿eh, mi amor?, si es que mamá a veces habla así, es una bruta, pero no lo piensa, de verdad que no. Que lo que yo quiero es hacerme vieja como ese árbol, y que me traigas nietos, y que estés con un hombre bueno, y que no te pase como a mí esta mañana, que de la bofetada que me han dado, se me ha quedado la boca abierta, y pensaba yo que era porque iba a dar un grito, y el grito lo tenía, pero se me ha quedado dentro, y el día que lo suelte, el día que lo suelte se va a enterar hasta el Papa, así te lo digo, como lo siento. El día que abra la boca y dé el grito, no os lo vais a creer. Pero esta mañana se me ha abierto la boca, y a lo mejor es que, mira, tan temprano, no me lo esperaba, porque normalmente por la mañana estamos más tranquilos, y a lo mejor ha sido la sorpresa y se me ha quedado la boca así, abierta, y después me he dicho: el ojo. Lo primero que he pensado es que si se me ponía feo el ojo, como sabía que iba a pasar y como ha pasado, a ver quién hace la compra hoy, porque me gusten o no, gafas oscuras no tengo, y que yo no pienso que sean de ciudad, ¿eh?, es que simplemente no tengo para comprarme unas. Así que lo primero que he pensado es que vamos a tener que comer de lo que haya en casa, y lo segundo es que la cafetera que se me ha caído iba a dejar una mancha de las difíciles de verdad, y por eso ahora tenemos que quitarla, porque no estamos para lujos, esta mañana la quito yo aunque tenga que estar aquí todo el día frotando.
De verdad, de verdad, que si lloras es peor, porque mamá se pone triste, y que no estoy enfadada, que te cuento lo del grito porque… bueno, porque también yo tengo necesidad de contarlo, pero que no me ha dolido, si lo que me duele no es el ojo, ni nada, nunca me duele el cuerpo, lo que me duele es el corazón, y que me quedo unos segundos que no reacciono, porque aunque esté ya medio acostumbrada, siempre me quedo unos segundos quieta, como congelada, y me digo que si ésta es forma de vivir, y que si me merecía yo esta vida, pero doler, no me duele, te lo prometo, ¿eh, mi amor?, si lo que me da es rabia, y hasta vergüenza y después rabia otra vez, pero no me duele. Y ahora no te asustes, porque cada minuto que pasa, el ojo se va poniendo peor, y se va cerrando solo, aunque yo lo tenga abierto y me diga que lo estoy abriendo, se cierra y se queda así, como para dentro, pero no pasa nada, no me duele… si lloro sí, me escuece, pero no me duele. Y por lo menos he dejado de escuchar el silbido en el oído, que no hay cosa más molesta que ese pitido de cuando te han dado bien, con la mano abierta, que la cara se te queda roja, ardiendo, y ese piiiiiiiiiii, venga a molestar. Una vez que se pasa el piiiii y se pasa la rojez de la cara, sólo queda esperar a que primero el ojo se acabe de hinchar, y después se deshinche. Si te digo la verdad, estoy acostumbrada, y lo que de verdad me da pena es que al principio por lo menos me pedía perdón y me decía que era la última vez, y aunque yo sabía que era una mentira, al menos tenía la decencia de decirlo. Pero ahora tú y yo vamos a limpiar bien la mancha, nos vamos a olvidar de todo y después vamos a desayunar y nos vamos a la cama juntitas, que hoy no vas al colegio, ¿eh, mi amor?, ¿estás más contenta?

2 pensamientos en “Te lo digo como lo siento

  1. Estupendo relato. Has conseguido maravillosamente el tono de las mujeres del medio rural y de esa edad, y has creado un personaje tierno y patético; pero también grande (lo hacen grande la propia ternura y la preocupación por las cosas pequeñas) no se si a esta mujer deberíamos reprocharle su pasividad y su resignación; tiene en contra el entorno, la costumbre, el miedo, la falta de apoyo…
    Un saludo.

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