Los dedos me buscan la ternura

Ternura, Oswaldo Guayasamín

No lamento la huida, el desprecio, la vez que te manché
la ropa de carmín violeta y marqué tu vida inconsciente
aquella vez que te miré y parecías dormido, fingías
recreándote en el puro placer de sentirte observado
quizá, quién puede recordarlo ya, el querido
Nadie sabe mejor que yo cómo reposan tus manos sobre
el colchón la noche que estás más cansado,
acomodándose, como despiertas, como tercos tus dedos,
cómo saber si intentando atrapar algo con disimulo

Tampoco lamento haberte mentido el primer día
y haberte hecho creer que podías amarme sin reservas
y tropezar con la angustiante verdad, este cuarto apenas
abierto por donde se cuela las mejores veces un rayo de
luz que se muere por alimentarse de todos nosotros
Cómo va a ser eso, cómo voy a lamentarme de cuando
creíste que podríamos querernos, vivir el uno con el otro,
engañándonos como los mejores, como ingenuos de la
mentira, arañando un poco más de tiempo a una nostalgia
que se nos vertió dulcemente como azúcar caramelo

No lamentes tú haberte quedado una noche más,
alargándola hasta mil mañanas tempraneras donde tu
mano ya no reposa sobre el colchón y se intenta apoyar en
un pecho que apenas se levanta, cansado, como
intentando pasar totalmente desapercibido, y los dedos
me buscan la ternura de los primeros días cuando todavía
no me conocías y creías que me habías encontrado, como
si hubieras estado alguna vez buscando alguna cosa,
no lo lamentes porque todavía nos queda inmóvil una
pereza a la que robarle alguna tarde más
alguna tarde tozuda, como nuestro amor más probable

3 pensamientos en “Los dedos me buscan la ternura

  1. las tardes tozudas son favorables para el amor, incluso aquellos amores que necesitan fingir que los amantes, se aman.
    Un beso

  2. Plinnn: hola, Bego. Me alegro de que te guste. Es como quien cambia las cosas de sitio en el cuarto o el salón, uno necesita quedarse pero cambiar y renovar. Como el título del blog es de Martín Gaite, puse el cuadro de Hopper que encontré en mi edición de su libro.
    Un besito.

    Marcelo: las tardes tozudas no son sólo favorables, también son, diría yo, necesarias. Para los que aman y para los que no.
    Un abrazo.

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