Llegarás tarde

Figura y pájaro verde, Gloria Torner
Se pone delante del espejo y se ladea coqueto. Suena: frrrr, frrrrr. De las páginas que, al pasar, parecen un gorrión furioso. Mira las tapas y se siente orgulloso de ser un cuaderno todavía, digamos, inédito. Se mira las cubiertas, impecables, de tapa dura, hechas a mano. Y delante un cartelito donde aparece el título. Lee al revés en el espejo: Los pájaros no tienen dientes. Y se pone a silbar mientras se peina el punto de libro que había quedado alborotado y desmelenado como un cepillo de dientes al hacer ejercicio. Cuatro minutos y trece segundos, dice, siendo exactos vendría a ser como mínimo unos cuatro años y algo, más o menos hasta abril. Después de acicalarse se sacude un poco y cae un pequeño retrato en blanco y negro de mujer. Lo recoge del suelo y lo mira con ternura, también con lástima, como si la añorara. Le besa la frente y arruga los ojos agradeciéndole el haber escrito los poemas que lleva adentro, todos con una pluma que sólo de pensar en ella sienta cosquillas. El pájaro sin jaula grita como una madre: llegarás tarde, llegarás tarde. Así que se coloca las gafas que encontró un día en el tendal junto a las braguitas de la vecina y, aunque apenas ve con ellas, se siente protegido ahí, detrás, y se dispone ya a bajar a la calle. Tan tímido. Baja las escaleras de dos en dos, de tres en tres y, al llegar al portal, se acuerda de que no ha cogido nada para leer en el trayecto. Sube las escaleras de tres en tres, de dos en dos, cansadísimo, una a una: saca del bolsillo una pistola de agua y abre la puerta, se va hasta las estanterías y coge a la mujer rubia que ha dejado sin acabar de leer cientos de veces. La mira, le arregla un poco el vestido morado y dice: esta vez sí.

6 pensamientos en “Llegarás tarde

  1. Rayuela: pues entonces vamos bien, porque si este cuento debe leerse en alguna parte y de alguna forma, es en la cama y antes de ir a dormir.
    Un beso, linda.

  2. Me vino a la cabeza, al leer éste y el anterior relato, aquella canción que repetí incesantemente a mis sobrinos mientras crecían (luego no se hicieran líos con el envés de la vida)… “Todas éstas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés…”. Aunque A.Goytisolo nunca hablara de libros o cuadernos, seguro que los pensaba… jeje.

    Y ahora me da algo de miedo acercarme a la estantería no sea que… ays.

    Besos cabeza abajo, Fusa!

  3. Margot: mis sobris todavía son pequeños para los mundos al revés, todavía están descubriendo éste que falsamente parece que está del derecho. Pero me encantaría que leyeran este libro que, a su vez, lee personas.
    Un abrazo y ¡cuidado!

  4. Virgi: tengo muchas dudas, pero qué importa, voy a seguir haciéndolo, para grandes o pequeños, porque me lo paso bien.
    También yo me lo imagino liviano como un pájaro.
    Un abrazo y gracias.

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