¿Dónde quedaba tu mano,
padre, entre qué mantos,
bajo qué ruinas,
sobre qué ríos,
entonces, padre,
entonces cuando tanto
la necesitara,
dónde la habías escondido,
con qué miedos,
para qué ojos,
adónde, padre,
sino en mi otra mano?
¿Y por qué ahora, padre,
vuelve tu mano,
huérfana como una paloma,
a posarse sobre mí,
ahora, padre, que sigo
buscándola
pero ya no hay tiempo?
¡Mi niña, se me han erizado los pelos! Una maravilla, conmovedora al máximo.
Un abrazo, con mis brazos y mis manos
Es doloroso, sobre todo, no tener tiempo.
Virgi: dicen que si escribes y te lo pasas bien, los que leen lo hacen contigo. Y supongo que conmueve lo que una ha escrito conmovida, ¿no?
Muchísimas gracias, linda.
Un abrazo.
Isabel: quizá es lo más doloroso de todo, ¿no?, que no haya tiempo, más allá de lo que se quisiera hacer con él.
Buenos días.
Las manos (de los otros, ya)se nos hacen huéspedes, a veces… y luego es tarde y ya no hay tiempo, o sí, pero con demasiados huecos…
Pasar de abuelas con miedo, a paisajes infantiles y huecos como alas… así empezó mi mañana. Espero que el resto del día se porte y no desmerezca el comienzo… jeje.
Besos, Fusa!
Margot: ah, pues espero que sea tu mañana algo más alegre, lejos de miedos y tristeza y huecos como alas, ¿no? Porque como sigas así, querida, no sé yo cómo vas a llegar a la tarde…
Un abrazazo.
Este poema me ha impactado. Impresionante y directo al alma.
Gracias.
Isabel Martínez: gracias a ti, Isabel. Del alma sale el poema y al alma va (curiosamente al de una desalmada).
Un beso.