Cuando niña

Niña con gorro, Amedeo Modigliani

I

Que es mala, la niña. Pero mala de verdad. A veces la abuela llega a casa para ver a su nieta y, al llevar ya un rato sentada en el sillón y que nadie diga nada y Ana María no llegue a su encuentro como suele hacer, pregunta: dónde está la niña. Sabiendo ya que probablemente ande castigada en la habitación de los armarios. Pero lo pregunta porque en la explicación de su hija, la madre de Ana María, espera siempre encontrar un punto de cordura, de razón, de excusa que convence para encerrar a su nieta ahí adentro, donde los armarios, esa habitación tan oscura, tan fría, tan de nadie. Un algo que le alivie, que justifique el castigo, que, por una vez, pueda pensar: pues esta vez Ana María se lo tiene merecido. Y siempre lo pregunta -qué ha hecho esta vez- y siempre vuelve a casa triste, sin acabar de posicionarse, confundida. Lo que no sabe su abuela, porque nunca llega a entrar para comprobar qué hace Ana María ahí adentro cuando la castigan por mala -pero qué he hecho, si no he hecho nada-, es que allí, en esa habitación oscura, fría y de nadie, Anita es tan o más feliz que cuando nadie le hace caso. No me mire así, madre, no me mire así que esta vez sí ha hecho algo terrible, algo que no me hubiera usted consentido a mí cuando niña. La habitación de los armarios, la habitación de los armarios. Ana María, donde los armarios inmediatamente, ahora mismo, sin rechistar -suponiendo que alguna vez lo haga-. En esos armarios está toda la ropa vieja y usada de sus hermanos mayores, la que se ponían cuando eran pequeños porque, aunque ella nunca los llegó a ver cuando bebés, sus hermanos habían sido chiquitos como era ella y llevaban ropa que ahora parecía increíble que alguna vez hubieran usado. Pues ahí estaba, en esos armarios, toda la ropa. Y también alguna de los primos que, como su tía no tenía espacio en casa porque estaba todo lleno de marionetas que fabrica su marido un poco por trabajo y otro poco porque se divierte, le habían pedido como favor a su madre que se la metiera ahí. Ahí, donde los armarios, donde los castigos. Así que cuando Ana María escucha a su madre alzar la voz, aprieta los puños dentro del bolsillo y se aguanta sin decir nada, después entra en la habitación, abre un armario, coge un vestido rojo, se lo pone, se mira en un espejo que tiene forma de luna y que está apoyado en la pared, se pone un sombrero negro y se vuelve al espejo, se coloca unos zapatos que le van grandes y vuelve al espejo. Habla con la voz afectada y en un susurro y hace de su madre: Ana Maaaaaaríiiiiiiaaaaaaaaa, ven aquí ahora mismo. Y le entra la risa.

11 thoughts on “Cuando niña

  1. Y que le quede dentro, bajo el sombrero, y cuando salga, vuele y vuelva a ella cuando lo desee :) Ana María es el nombre de mi prima :)) y me la imagino delante del espejo, entrándole la risa :))
    muchas gracias por tu visita :))) y muy feliz fin de semana :)) muchos besos!!!

  2. Galicia maravillas: como te recibía desde wordpress no sabía qué blogs tenías, sólo iba a parar al de animadores y, como está en ¿gallego?, no me enteraba casi de nada. Me ha gustado tu sitio, así que volveré. Y de nada.
    La niña se llama Ana María por la Matute, que contó una historia de su infancia parecida a ésta. Es en su honor.
    Un beso.

  3. Oh, Fusa, vi la entrevista de Ana María Matute por allí, por el otro lado, y es adoooooorable… Para comérsela, que decías tú. Y este tuenco es un guiño fantástico, un lindo homenaje. Las dos Ana María, la escritora, la de tu tuenco, tienen ese otro mundo tan o más suyo que cualquier otro, donde juegan, inventan, sueñan, son, e, incluso, donde pueden hacer brotar esa “espurna blava” de la más absoluta oscuridad. Me ha encantado.

    Un dulce beso.

  4. Rayuela: muchas gracias, querida. La verdad es que ahí me muevo y ahí quiero moverme, en lo cotidiano. Y también por eso debe leerse como tú lo haces, libre de muchas cosas, con tranquilidad, sin salir uno de su espacio.
    Un abrazo.

    Sara: no creas, el mérito no es de la habitación. Seguramente a mí, cuando pequeña, si me hubieran castigado en una habitación oscura y llena de armario, me habría puesto a llorar de miedo. El mérito no es una habitación así, el mérito es la imaginación de Ana María, el sentirse ahí bien, jugar, no dejar de jugar.

    (*: es completamente adorable y aquella noche, en el sofá, con H., viendo la entravista, nacieron mil cuentos. Y de vez en cuando él se giraba, como por ejemplo cuando le preguntan por qué escribe, se giraba y decía: ¡es como tú! Me gustó lo cercana que era, cómo se movía, cómo hablaba. Y que nunca dejaba acabar a la periodista ni una de las preguntas. Siempre anticipándose, con una sonrisa, siendo una bruja buena. Dejo aquí el link, para que todos puedan verlo y entender este cuarteto de cuentos que empiezo con éste.
    Un beso.

    Pincha aquí para ver a Ana María Matute en una entrevista de TV3, en el programa Savis. De ahí ha salido este cuento: de su magia, de su vida.

  5. He visto la entrevista :) qué expresiva!!! :)) y hasta las preguntas en catalán se entienden (aunque reconozco… que me gustaron más las respuestas que algunas preguntas:)
    sí que es gallego el de animadores :)
    un biquiño :)) …es fácil de entender: un besito!!! jejeje y muy feliz fin de semana :))

  6. Sabes que me encanta, ¿verdad? Sobre todo desde el día que dijiste que me veías un poco como a ella…todo un honor. Voy a por el segundo… ¿y sabes? yo también tengo una historia de castigos parecida, pero diferente, creo que por eso, leí tanto, creo que por eso escribo.

  7. Galiciamaravillas: hace poco, menos de un año, vi a Ana María Matute en el fallo del concurso de mi universidad. Y estaba paradiiiiiita, paradita, quieta, como enferma y débil. Su voz era un hilo. Y quedé gratamente sorprendida al verla en esta entrevista.
    Un beso.

    Malvada Bruja del Norte: es maravilloso que un cuento de una bruja vaya hasta otra y encuentre ahí toda su razón de ser. Aunque el cuento se sostenga por sí solo, sí, encuentra ahí algo que estaba perdido.
    Un abrazo.

  8. No voy a ser yo quien niegue que este cuento se debe, en parte, a Ana María Matute, claro que no, es sólo que es demasiado tuyo. La bruja buena te dijo sin decirte: “adelante, F.”, pero estaba en ti, y estoy con H., os parecéis, es eso, si yo tengo que imaginarte a su edad, eres así, pero siendo tú. Ay, creo que estoy montando un lío tremendo, pero te prometo preciosa que lo que intento decirte es muy muy bueno.
    En cuanto a Ana María (la del tuenco), creo que es la niña que a mí me habría gustado ser, la niña que me gustaría recordar ahora, pero qué va, nada que ver. Y tampoco puedo evitar que me recuerde un poco a Raquel, perdóname, F., pero sabes la adoración que siento por Raquel, sobre todo por la Raquel niña.

    Un abrazo enorme, preciosa
    (te echo de menos)

  9. Gloria: preciosa, qué alegría verte por aquí. Me pillas justo en el ordenador, mirando, leyendo, escribiendo. Qué alegría, de verdad que mucha.
    Ana María la niña también me gustaría que se parecía a quien fui, pero tampoco, qué va, no tengo nada que ver. Si me llegan a meter en una habitación con armarios no me hubiera dado por inventar duendes y brujas, ni siquiera ahora estoy segura de ser capaz. Y me gustaría haber sido así y por eso a lo mejor todas las niñas que escribo se parecen tanto a ésa que es Raquel y es Ana María. (A mí también me recuerda a Raquel, qué gozada.)
    Me alegro mucho de que te gusten estos cuentos. No sé si has visto la entrevista, imagino que sí, y que te habrá gustado. (Gracias, igual que me gustaría recordar a esa niña que no fui, me gusta pensar que podría ser esa anciana que ella es.)
    Ay, ¡qué alegría! Tenía ya ganas de poner Gloria: y escribirte lo que sea.
    Tengo que hablar contigo (cuidado: ¡notición!)
    Te llamo un día de estos, que mi teléfono está ya frío desde que no nos pegamos esas pedazo de charlas.
    Un abrazo, linda.

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