La última de mi primo

Para mi primo y mi tía

Si hay algo que me da miedo es cuando mi madre dice ¡Aitor Díaz! Porque cuando mi madre me llama con mi apellido es que algo, digo yo, habré hecho mal. La última, que es como mi madre se refiere a mis pe-que-ñí-si-mas diabluras, por ejemplo cuando se lo cuenta a mi abuela dice: 
—¿A que no sabes la última?
Pues la última esta vez os juro que no es para tanto, y que aun así mi madre me ha dado una colleja delante de toda la familia, que no hay cosa que me moleste más que una colleja de mi madre y más delante de la familia. Pues la última es, de verdad, una tonteriíta, pero a mí madre le molestan más las tonteriítas que una buena trastada. Una de las buenas, ya me entendéis. Por ejemplo, si llaman del colegio para decir que no he asistido a clase y mi madre me pregunta al llegar a casa si se puede saber dónde he estado, que en realidad, se pueda saber o no, hay que contestarle… si por ejemplo le digo que no he ido porque necesito estar solo, que he estado pensando últimamente y que estoy triste (bueno, algo así); entonces mi madre se conmueve con su hijo y le doy pena, me la pasa y hasta me da unos mimos. Nos pedimos perdón y después, en la sobremesa, le acaricio un poco el pelo sin despeinarla mucho y ya están hechas las paces. En cambio, no sé por qué, los detalles la ponen nerviosa: que me eche hacia atrás con la silla y me aguante sobre una pata, que pregunte cuándo nos vamos, que me manche cuando como, que me ensucie el codo con lo que sea que haya en la mesa, que le ponga motes a mi hermano… ese tipo de cosas son las que le molestan a mi madre. Que yo le digo: pero, mamá, si es mucho peor que no vaya a clase que por ejemplo me manche la camisa de los domingos. Pero ella que no, que la tristeza es algo disculpable y que lo más importante para convivir en armonía con los demás es tener una buena empatía, y que ella para la tristeza o la soledad es comprensiva: pero con los cerdos, no.
Estaba en la mesa diciendo que me han quedado dos este trimestre, y se me ha escapado la risa y, como os digo, mi madre me ha dado una colleja. Yo me he quejado porque, bueno, suspender Ciudadanía tampoco es para tanto, y si de verdad presume de empatía, entenderá que tener catorce años y estudiar cómo hay que comportarse y demás, es un verdadero aburrimiento. Dice que la colleja no es por suspender, que ella lo entiende todo y es comprensiva más que ninguna otra madre, pero que lo que le ha molestado de verdad es la risita. ¿Lo veis? Se molesta por unas cosas incomprensibles.
—Pero ¿sabéis por qué me enfado con el niño? Porque lo que me molesta no es que suspenda, que si fuera tonto pues, oye, una apechuga con lo que le toca. Lo que me molesta es que suspende Ciudadanía porque está pendiente de las hormigas que hay en la pared. Que no te rías, que es la pura verdad. Si suspende es por las dichosas hormigas, que las tiene controladas. Están en la pared y las mira y las remira y se cuelga de la silla, se cuelga de una pata, y las mira y las remira. Te juro que eso es lo que me jode. Venga, cuéntale a tu prima la última… las cosas tan interesantes que aprendes calentando la silla… que tienes a los profesores aburridos ya…
—Pues que… si coges las hormigas, ¿no?, las colocas todas en el suelo, juntas, y haces un círculo a su alrededor con un rotulador… las hormigas no salen de dentro. Bueno, al final salen… pero les cuesta.
Eso fue lo que contesté (porque es la verdad) antes de que mi madre me diera otra colleja… pero más que una colleja fue una hostia, que no es lo mismo. Pero una señora hostia, ¿eh?

8 thoughts on “La última de mi primo

  1. Fuseta me encanto como lo transmitiste..
    Asi es el Aitino…es Feliz… y si.. eso es lo verdaderamente importante…
    Tita Pero

  2. Sigo pensando que algún día tendremos que dejar de llamarle Aitino, aunque me parece que no va a ser pronto… Me alegro de que te haya gustado. Ahora a ver qué cuento escribo donde salga mi tío, que se ha puesto celosón…

  3. Saludos.
    Gerald Durrell seguro que empezó haciendo experimentos con las hormigas y los rotuladores, y se hizo famoso escribiendo libros muy divertidos (entre otras cosas).
    Tal vez tu primo vaya por ese camino, pero tú te hagas famosa escribiendo sus aventuras.
    Feliz año.
    José Ángel.

  4. Hola, José Ángel. Tengo que reconocer que la idea no me desagrada lo más mínimo: que mi primo haga trastadas y que yo me haga famosa contándolas.
    Bienvenido. Feliz año a ti también.

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