El mar es una ballena muda (un año en G&R)

Hoy que falta un mes para que el próximo número de Granite and Rainbow se publique, hoy hace un año que soy redactora de esta revista que me tiene del todo conquistada. Entonces, voy a celebrar, con el texto que salió entonces en La trastienda, que llevo todo este tiempo dedicándome a lo que me gusta, me divierte, me emociona y me llena. Con El mar es una ballena muda quise rendir homenaje a Ana María Matute, mi provoca-vuelos literaria, y hoy quiero rescatarlo para hacer lo mismo con la revista. En un mes nos volvemos a ver, ahora que somos bimestrales… con la cara lavada, nuevas secciones, un objetivo bien claro y, como en todo este tiempo, la dedicación, el compromiso y el placer de los que, como yo, llevamos acompañándonos una buena y dulce andadura literaria.

EL MAR ES UNA BALLENA MUDA, por Fusa Díaz (23/05/2010)

¿Y tú lo preguntas, tú preguntas si es verdad que de niños vivimos la vida entera, de un sorbo, para repetirnos después estúpidamente, ciegamente, sin sentido alguno? Tú, Ana María Matute, que sigues siendo un muchacho con arrugas de mujer, un joven con melena cana. Tú, que contabas a los sedientos niños de la mancha cómo era el mar, y mentías, jugabas con ellos, podías inventar cómo era el mar, que el mar era como un pájaro pero en azul, el mar era como una ballena muda, como si el cielo mojara y resbalara, y tú mentías, Ana María Matute, y decías que el mar no existía y todos te miraban y soñaban con vivir a tu lado, soñaban con un pájaro que habías creado como una artesana de la vida, un pájaro que tenía dientes, que tenía lo que tú desearas que tuviera, que silbaba como si fuera la orilla de un mundo que inventabas, inédito, ajeno, para que los niños de la mancha no estuvieran donde todos les veían. Tú, que enredas la infancia como si fuera una maraña, como si fueras la araña que teje nubes, que desgrana los cuentos que todavía no han dormido a ningún niño malo. Tú, Ana María Matute, que nos preguntas si es verdad, cómo vamos a saberlo, tú que lo preguntas ciegamente, sin sentido alguno, porque te rodeabas de armarios que te hablaban, con vida dentro de ellos, con un disfraz para los que no se conforman con sólo dos pies, con sólo dos manos, tú que te mueves despacio, como un caracol, y llevas detrás un paraguas que has robado de debajo de la cama de tu padre, porque él los fabricaba, porque él los poseía, lo robabas, y te cubrías de los ojos de la gente. ¿Y quién podría contestarlo, quién podría saber si es que sí, o no, si la vida pudiera beberse de un sorbo como una limonada que se encuentra uno en la casa vieja de la abuela, si la vida pudiera verse siendo ciego, tocándola en braille, alcanzando todo su límite que es sólo una línea por donde un gato descalzo se tambalea y maúlla porque se ha comido a un pez que llora en su barriga? Y tú lo preguntas, que duermes con los ojos abiertos, que todavía no conoces la muerte. Tú, Ana María Matute, que escribes con los pies, que te mueves como un fantasma, que tus ojos no conocen mis palabras, cómo preguntas, cómo lanzas al aire una moneda que tiene la cara de un niño que está muerto, que no va a conocer la lluvia. Pero cómo vamos a saberlo, Ana María Matute, Anita, cómo vamos a saber qué ocurre después, cómo va a ser que podamos contestar si va a tener sentido alguno, si todavía estamos enredados en un pijama que baila encima de una cama nueva, si todavía no sabemos pronunciar palabras como cáncer, si hablamos como si nadie pudiera escucharnos, si todavía no hemos podido llegar al miedo sonriendo.
Ana María Matute es sólo una niña, es sólo una niña indefensa que juega con una muñeca que se llama Pipa y que tiene un ojo que es un botón. Y desde ahí, desde dentro de su casa que tiene echada la llave, desde ahí pone voz de vieja y pregunta si es verdad todo eso, todo lo de los niños, si después nos repetimos. Pero Ana María Matute todavía no sabe qué está preguntando, ni cómo contestar, porque todavía no ha conseguido salir de su cárcel, de su cuerpo de niña, de la hija de la trinchera, de la madre del dolor, de la esposa de un amor que no se llega a olvidar. Ana María Matute todavía no puede preguntar con su voz si es verdad que de mayores nos repetimos estúpidamente, porque todavía no ha conseguido salir de una rayuela que la guía por la vida y la literatura. Ana María Matute cree que tiene ochenta y tres años porque nadie se atreve a decirle la verdad. Ésa es Ana María Matute, ésa es la mía, la que yo invento, con la que me arropo algunas noches, a la que llevo en los días extraños, cuando la ballena muda gruñe como si fuera un lobo de mar.

Un pensamiento en “El mar es una ballena muda (un año en G&R)

  1. jo, no recuerdo haberlo leído en su momento :) pero me alegro de hacerlo ahora! qué alegría dedicarse a lo que te gusta, habrá alegrías mayores, imagino, pero esa es una de las más grandes :)
    …qué malísimamente mal llevo el artículo para el próximo número, no sé cómo enfocarlo, voy a tener que hacer una jornada de reflexión :)
    un abrazo grandeeee :) y feliz semana!!

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