Inéditos y crónicas

celso castro y marco gigliotti (riazor)

que por ejemplo, y en relación con esta inmovilidad que precede habitualmente a un acto de reflexión especulativa, yo creo… es una idea ¿eh? que los muertos, en realidad, no están muertos, o no del todo, y no lo digo únicamente por las víctimas del insecto, hablo en general. lo que ocurre es que están pensando intensamente, que han alcanzado por primera vez en su vida, y puede que por última… han alcanzado el pensamiento absoluto, infinito, y por eso se quedan tan quietos… y… desde luego, lo que no debes hacer nunca es aprovecharte de su indefensión y estropearles ese instante de indescriptible belleza, ya sea importunándolos con preguntas ociosas, o zarandeándolos como en las películas ¿no sabes? o en las obras de teatro, que los zarandean y los empapan de lágrimas y babas y mucosidades, que les parece que el estar enajenados y fuera de sí, les da algún derecho a tratarlos con esa desconsideración. a gritarles al oído, que hace falta ser malas bestias, que les gritan -¡NO! ¡NO! ¡TÚ NOOO! ¡DIOOOS, NO TE LO LLEVEEES! ¡ES INJUSTOOO! ¡LLÉVAME A MÍÍÍ!- que te meten una desazón en el cuerpo, un desasosiego, que… de verdad ¿eh? ahora en serio, si alguna vez me ves muerto por ahí, por riazor o por el orzán o por donde sea, te ruego que no vengas a moverme, ni a tocarme, ni a pellizcarme los párpados para que los abra. y no me hables, que me distraes. y menos aún me desesperes con alaridos y espumarajos y que otros transeúntes me hagan corro y qué le pasa y respira y habrá que… y no, joder, márchate y déjame en paz. en todo caso, antes de irte, y si ves que refresca, ponme una mantita por encima
un insecto de color café – celso castro
(inédita)
 celso castro y marco gigliotti (entrevista)
ya estaba acostumbrado, me había acostumbrado a vivir entre imbéciles ¡imbéciles de mierda! viviendo una vida de mierda en una ciudad de mierda, y que para mí la vida no era más que es ¡mierda! y una lucha permanente contra esa mierda, que nos quería engullir y asimilarnos y hacernos mierda. y que en el fondo no eramás que eso ¡asimilación! y que hasta la literatura no era más que el reflejo de esa asimilación

el afinador de habitaciones – celso castro 
(libros del silencio)

celso dedicándole -dos noches- a marco
A esa ciudad de mierda, a la ciudad asimilada en la literatura de Celso Castro, vino Marco Gigliotti para conocer el búho o la gaviota, Riazor o el monte de San Pedro, y lo que encontró es que la realidad no me interesa nada y a menudo la Coruña de ficción es mucho más hermosa de lo que es la verdadera. Aun así, estuvimos dando un paseo por María Pita y por la avenida de la Marina, y por la calle Real, donde está la tienda en la que trabaja Iris, o por el colegio donde estaba castigada Ester, y hasta, ya de noche, por el paseo que da a la Torre de Hércules. Una de las cosas que más me gustó de la Matute cuando le entregaron el Cervantes, fue que en su discurso nos pidió que nos creyéramos sus mentiras, porque ella las había inventado para nosotros. La Coruña que Celso inventó para sus narradores es una mentira, es una neblina blanca que lo cubre todo, y es hermosa en su forma incompleta, con lagunas y huecos en los que debería haber un bar pero sólo encontramos una peluquería. Habrá que creerse todo lo que nos cuenta, porque lo ha inventado. De momento, podemos creernos que el afinador de habitaciones existe a medias en italiano gracias a la traducción de Marco, y que alguien habrá por ahí dispuesto a no ser asimilado y a leer al raso, como se leen los libros de bellas mentiras.

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